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El rayo de Sinaloa
evoca la vida de Heraclio Bernal (1855-1888) quien vivió a des-tiempo para ser caudillo, pero en la época justa para ser antihéroe romántico.
Su vida, divulgada en múltiples crónicas periodísticas, sobre todo a raíz de su muerte, fue necesariamente contada bajo la influencia urbana y de la literatura en boga a finales del siglo XIX.
Heraclio Bernal fue un bandido honorable o un sanguinario forajido, según la prensa, pero sobre todo la quintaesencia del macho mexicano impulsivo, enamorado, valiente, generoso, justiciero, confiado, según la tradición oral que impulsó su leyenda a través de una gran cantidad de rimas distintas con la popularísima tonada de su corrido.
Cada representación de la vida de Heraclio Bernal —incluida la trilogía fílmica dirigida por Roberto Gavaldón -uno de los mejores cineastas de la época- agrega dosis de leyenda, de acuerdo al grado épico que se quiera conseguir, o de rebeldía, según se pretenda darle más énfasis a sus acciones políticas o justicieras.
Su oposición al régimen de Díaz le permitió ser recordado más por esa inconformidad que por sus actos delictivos. El triunfo de la revolución de 1910-1920 consolidó su prestigio y lo hizo engrosar, si no las filas de la historia oficial como precursor del movimiento, cuando menos el catálogo del folclor posrevolucionario.Te podría interesar...








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