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En tal contexto, la obra –editada por la UAM, Editorial Gedisa y la Biblioteca Iberoamericana del Pensamiento– resulta pertinente en los momentos actuales porque permite examinar e interpretar la crisis de las instituciones de la modernidad, pues resulta claro que las viejas teorías experimentan un conflicto que les impide explicar en forma apropiada por qué la modernidad ha sido incapaz de cumplir con sus promesas.
Se asumió de manera poco reflexiva –dice el investigador– que la “razón moderna” que se ha transformado en realidad en la irracionalidad de la competencia desenfrenada y el mercado autárquico, sería capaz de conducir a la sociedad a su progreso y garantizar bienestar, justicia y equidad.
Ibarra Colado sostuvo que los sucesos han acontecido de otra manera y la razón ha sido desplazada por un conjunto de normas, rutinas y procedimientos de carácter instrumental que imponen modos de convivencia que están lejos de garantizar la realización del bienestar de la sociedad.
El libro se presenta como un llamado urgente y una invitación para repensar el proyecto civilizatorio de la modernidad, como única opción para revertir la grave crisis estructural que agobia al planeta.
Porque no se trata, como en el pasado, de una crisis financiera, sino de una meta-crisis estructural que se manifiesta prácticamente en cualquier ámbito de la vida institucional y que ha dado lugar a un profundo deterioro ambiental, a la profundización acelerada de la pobreza y a un desempleo galopante e irreversible.
También ha propiciado niveles de corrupción nunca antes vistos o imaginados, un ambiente desbocado de violencia e inseguridad, invasiones y guerras, cuya única razón son el interés particular y la fuerza, afirmó.
El académico advirtió que si el mundo no es capaz de reconocer que su modelo de desarrollo basado en la razón de la competencia y el mercado ha tocado fondo, entonces difícilmente estará en condiciones de enfrentar los graves desafíos que plantea un diseño institucional caduco y agotado.
La transformación –señala– supone no sólo el diseño de nuevas reglas para el funcionamiento económico, sino el replanteamiento de los valores y la reinvención de las formas y estilos de vida de una sociedad que debe recuperar su capacidad para discutir y decidir en forma colectiva su proyecto de futuro.
El docente enfatiza que no se trata de una economía regulada, frase que comienza a ponerse de moda, sino de una organización política sustentada en la participación social informada y la capacidad de autodeterminación, con lo que quedarían atrás los excesos del libre mercado y las arbitrariedades del Estado burocrático autoritario, para construir en su lugar una sociedad de instituciones basadas en el diálogo, el respeto a las diferencias y la diversidad.Te podría interesar...








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