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Álvaro Torres Jazz Quartet, inició su intervención teniendo en el bajo al famoso Quimi; en la batería, el diestro percusionista Ricardo Fernández; en el sax a Arody Martínez –ganador del premio Charlie Parker- y en la guitarra a Álvaro Torres.
Habían iniciado apenas con unos estándares, cuando se subió el escenario el maestro Peres Soto Tejedor, quien es considerado el discípulo de Jangos Reinhardt y reconocido como uno de los más importantes guitarristas de jazz gitanos en Europa.
Con hambre por disfrutar del jazz, también desfiló en la batería Emanuel Carrera y Lucio Jiménez, jóvenes promesas de las percusiones, así como la bajista alemana, Lisa Hoppe, espontáneos que no pudieron refrenar su pasión por el jazz.
Estándares del jazz se convirtieron en largas piezas donde los altos contrastes del sax de Arody Martínez, las guitarras de Pere Soto y de Torres, provocaron un tumulto a la entrada de este pequeño bar.
Fue este excepcional saxofonista oaxaqueño, quien se moría en la raya por dar cuerpo a cada una de las piezas que se ejecutaban con largos y virtuosos ad libitums.
El free jazz de Soto, el funk de Torres, el punch del Quimi y de Hoppe, los contrastes de Arody y el ritmo de Fernández y los bateristas, hicieron esa noche histórica.
Desde la ventana, un grupo de adolescentes entre los 15 y 17 años pedían a gritos piezas de jazz. Quizá esa postal quedó más grabada, jóvenes oaxaqueños amantes de ese género, es la mejor reafirmación de que el jazz ya se ha arraigado para siempre en Oaxaca.Te podría interesar...








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