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Para Le Clézio, el antídoto contra la guerra es el respeto entre los individuos. Contó el caso de Isla Mauricio, de donde era su padre, territorio que existe gracias a la llegada de inmigrantes de varios países.
En primer lugar fue poblada por holandeses, después llegó población de Francia, luego se convirtió en colonia británica. En la actualidad, su población es en su mayoría hindú, seguida de africanos de Madagascar y un rescoldo de aquellos primeros galos. “El resultado fue la tolerancia hacia el otro, no sólo la racial o étnica, sino la de usos y costumbres. La población es católica, hindú y musulmana, y las tres religiones viven en paz. El calendario oficial respeta las fiestas de cada religión”.
Las artes y la literatura son un buen ejemplo en donde se mezclan las herencias. Recordó que cuando era niño leyó el Lazarillo de Tormes y la historia lo representó tanto, que nunca se imaginó que se desarrollara en España. Además, alabó las bondades de copiar: “Algún día haré un ‘Elogio del plagio’, es bueno, hay pedazos de Shakespeare que provienen de los clásicos latinos”.
Contó también su experiencia en México. Llegó en 1967 y después tuvo una segunda etapa en el país, en la década de los ochenta, cuando vivió en Zamora y Jacona, Michoacán, y tuvo la oportunidad de estudiar purépecha. Fue en esa región donde sus hijas vivieron sus primeros años y escribió varios de sus libros.
Por último, lanzó un reto fuerte: “El mundo de hoy es muy complejo, dividido. El ideal de Erasmo de que el ser humano puede encontrar la armonía, parece lejano. Estamos ante un desafío para las generaciones futuras: seguir con las guerras armadas o lograr una revolución pacifista a través de la multiculturalidad”.
La conferencia fue presentada por el historiador Jean Meyer, quien consideró a Le Clézio como el nuevo Rimbaud.Te podría interesar...








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