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Para Guillermo Santamarina y Eduardo Abaroa, en los textos del catálogo de la exposición El pozo, Marco Arce, se le ubica como un creador alejado un poco de los modos de hacer pintura más enraizados en la Ciudad de México y extrañamente cercano, tanto temática como iconográficamente, a disciplinas no pictóricas. Su estilo de figuración gestual, un sello casi generacional, está dotado de una mayor diversidad de recursos pictóricos, como la copia manual de imágenes de otros artistas y de revistas, periódicos o libros para niños.
Aunque se ha concentrado en lo pictórico, ha explorado medios audiovisuales, animaciones en computadora y sus posibilidades.
A decir de los críticos, Arce es un artista que encuentra en el espacio de su creatividad el balance justo de la inferencia manifiesta y superficial, y el signo de una individualidad ejemplar.
Arce recontextualiza, yuxtapone y recicla imágenes en series que cuentan e ironizan historias reinterpretadas, fragmentadas, inacabadas.
En ellas cobran carácter pictórico otras manifestaciones artísticas devolviendo a la pintura el peso que le había sido arrebatado.
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