En la reunión que sostuvo con once agrupaciones campesinas e integrantes del movimiento Sin maíz no hay país, manifestó su preocupación por la creciente dependencia alimentaria de México, el alza de los precios internacionales de los granos y su repercusión en el incremento de los pobres.
Al iniciar su visita oficial en el país, comentó que de 1997 a 2005 y como uno de los efectos del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, los agricultores perdieron mil millones de dólares anuales, los más afectados fueron los pequeños agricultores, los más pobres.
Además, siete millones dejaron de practicar la agricultura. “Una mañana de enero de 2007, me impactó que la población haya salido a las calles a quejarse por el incremento de 50 por ciento en el precio de la tortilla. Me pregunté por qué pasó esto si la producción de maíz blanco en el país estaba por arriba de los niveles promedio, me di cuenta que un grupo pequeño de compañías poderosas – como Cargill y Maseca- dominan los sistemas de distribución y utilizan su poder en el mercado para imponer un precio alto, es a ellos a los que se les debe exigir que bajen los precios”.







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