"La clave está en buscar en la rugosidad en escalas largas y cortas", explicó Meg Rosenburg, principal autora del artículo que describe los resultados, publicados en el Journal of Geophysical Research a principios de este año.
La rugosidad depende de las subidas y bajadas sutiles del paisaje, una calidad que los investigadores pueden descubrir mediante la medición de la pendiente en localizaciones por toda la superficie.
Para armar un cuadro completo, los investigadores examinaron la rugosidad en un rango de diferentes escalas -las distancias entre dos puntos de 17 metros a 2.7 kilómetros.
"Los cráteres viejos y jóvenes tienen propiedades diferentes de rugosidad, porque los cráteres más antiguos han sido golpeados durante mucho tiempo por meteoritos, cambiando la forma original del cráter.
Esta es una forma de descubrir qué cráteres son viejos y cuáles nuevos", dijo Rosenburg. En el mapa de la rugosidad encontraron que la zona que rodea la cuenca Oriental, por ejemplo, revela diferencias sutiles en el material expulsado cuando el cráter se formó por un objeto gigante que se estrelló contra la Luna.
Esa información se puede combinar con un mapa de contornos que muestra dónde están los puntos altos y bajos. "Al mirar los dos juntos, podemos decir que una parte de la cuenca Oriental no sólo es mayor o menor, sino también diferente en rugosidad.
Eso nos da algunas pistas sobre el proceso de impacto que lanzó el material expulsado y también sobre los procesos de la superficie que más tarde actuaron para modificarlo", dijo Rosenburg al ABC.
De la misma forma, las llanuras lisas de María -que en un principio los astrónomos confundieron con mares- fueron creadas por la actividad volcánica y tienen una rugosidad diferente a la de las tierras altas de la Luna, lo que refleja orígenes distintos en los dos terrenosTe podría interesar...








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