• La primera conquista es que el libro se vuelva un objeto familiar, asociado al conocimiento, un mecanismo de inclusión y transformación social, y desde luego: una posibilidad de goce infinito.
• Cuando leemos tenemos la oportunidad de estar en muchos lugares, pero también de ser muchos personajes. Ésta es una enorme riqueza porque amplía nuestro horizonte de experiencias intelectuales y emocionales.
• No hay niño que rechace a una mamá que le quiera leer un cuento: a todos nos seduce sentirnos acompañados, amados, atendidos, y eso es lo que podemos transmitirles a los niños cuando les leemos.
• El brasileño Paulo Freyre decía que primero leemos el mundo, entonces, entrar en los mundos que cada libro y que cada autor propone, representa un cúmulo de experiencias que no sólo nos ayudan a descifrar nuestra realidad, sino que nos hacen capaces de transformarla.
“Leer por leer”
Autor de los ensayos ¿Qué leen los que no leen?, Historias de lecturas y lectores y de Si quieres…lee, Juan Domingo Argüelles, poeta crítico literario y editor, reflexiona también sobre el tema.
• Es fundamental alentar a los muchachos a que lean obras que no son canónicas, sino libros de entretenimiento que les producen un gran placer. Desde Harry Potter hasta la zaga de Stephanie Meyer, todos los temas que a ellos les interesan.
• Las nuevas formas de lectura ya no están en las páginas de los libros tradicionales. Esto ha roto con los preceptos canónicos y lo que la gente está leyendo es lo que le da la gana.
• En esta ruptura del canon hay personas que están leyendo a autores contemporáneos y que jamás han leído a Homero, a Balzac o a Tolstoi. Parecería que esto representa un gran pecado. No significa un mayor peligro porque la gente está descubriendo por sí misma el gusto por la lectura y a lo mejor llegará algún día a esos autores que constituyen lagunas dentro de su formación.
• El futuro de la lectura, como dijo alguna vez un investigador, está en el leer por leer, porque hay un placer en ello, o porque te gusta, pero no porque tienes que cumplir con una especie de rito en el que tienes que abarcar todo un canon.
• Internet ha roto con todos los conceptos que teníamos sobre la lectura. Los muchachos, los niños, todos los nativos digitales no están leyendo libros por internet, o lo hacen muy poco. Lo que están haciendo son dos actividades antes más difíciles de ejecutar: leer y al mismo tiempo escribir, interactúan mandando y leyendo mensajes.
El decálogo del lector
“Nuestra manera de tratar nuestros libros, es nuestra manera de leerlos”, así lo expresa Daniel Pennac en su muy comentado y reeditado libro Como una novela (Anagrama, 1993). En la segunda parte de esta publicación, el autor francés enlista una declaración de principios fundamentales para el lector, animándolo a que haga de la lectura una práctica disfrutable a partir de la libertad en la toma de decisiones.
1. El derecho a no leer, porque “la libertad de escribir no puede ir acompañada del deber de leer”.
2. El derecho a saltarse las páginas, porque de lo contrario un gran peligro acecha si no se decide por sí mismo lo que se quiere leer: someterse al aburrimiento que atenta contra nuestro placer de lector.
3. El derecho a no terminar el libro, porque no existe obligación de enfrentarnos a una historia que no nos atrapa o un estilo que nos crispa.
4. El derecho a releer, “por el placer de la repetición, la alegría de los reencuentros, la comprobación de la intimidad”.
5. El derecho a leer cualquier cosa, porque es válido explorar los textos “buenos” y los “malos”. Hasta que cierto día, “sin darnos cuenta, nuestros deseos nos llevan a la frecuentación de los ‘buenos’”.
6. El derecho al bovarismo (enfermedad de transmisión textual), es decir, “la satisfacción inmediata y exclusiva de nuestras sensaciones”.
7. El derecho a leer en cualquier lugar, porque el disfrute de las letras (el llamado de la imaginación) no se manifiesta exclusivamente en los salones o despachos; puede aparecer en cualquier rincón, sea un patio o una letrina.
8. El derecho a hojear… “Yo hojeo, nosotros hojeamos, dejémosles hojear. Es la autorización que nos concedemos para coger cualquier volumen de nuestra biblioteca, abrirlo por cualquier lugar y sumirnos en él un momento porque sólo disponemos precisamente de ese momento”.
9. El derecho a leer en voz alta, porque a veces se requiere experimentar “la música intempestiva de las sílabas… a partir de que la voz se mezcla, el libro dice muchas cosas sobre su lector..., el libro lo dice todo”.
10. El derecho a callarnos, porque “nuestras razones para leer son tan extrañas como nuestras razones para vivir. Y nadie tiene poderes para pedirnos cuentas sobre esa intimidad”.Te podría interesar...








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