De padres campesinos, Rafael recuerda que desde muy pequeño debió dedicarse al campo “porque no había dinero para mandarme a la escuela, además que la escuela estaba muy lejos”, ya que la casa de sus padres se encontraba a tres horas de la cabecera municipal.
Aunque acepta que de joven no le llamó la atención el estudio, Rafael afirma que a sus 30 años, le entusiasmó la oportunidad de aprender a leer y a escribir, sobre todo, porque tiene grandes deseos de empezar a leer la biblia, entre otros libros.
“Yo no quería pero me motivaron, y le hice el intento, así que una tarde llegué y me empezaron a enseñar porque yo no sabía nada. Fue difícil porque no sabía pronunciar las letras, no podía escribir mi nombre, ni el nombre de mi papá, ni de mi mamá y de ahí me agarró el ánimo de seguir aprendiendo”, relata.
Por ello, agrega, se muestra agradecido por esta oportunidad y deseoso de seguir aprendiendo, por lo que aconseja a otros jóvenes como él a aprovechar las oportunidades de estudio que tengan a su alcance, así como a sus compañeros internos:
“Les diría que le echaran ganas, que no se echen para atrás, todo para adelante y a mis compañeros les digo lo mismo, porque cuesta mucho estudiar pero vale la pena”, añade.
A la par que Rafael, otros 16 internos del CERESO de Miahuatlán, recibieron una constancia de alfabetización, en tanto que cuatro más recibieron su certificado de educación básica, lo que les brinda la oportunidad de seguir sus estudios mediante los programas que otorga el IEEA.
El acto de entrega de los certificados, tuvo efecto en las propias instalaciones del CERESO de Miahuatlán, donde actualmente el IEEA cuenta con cerca de 70 educandos que cursan los diferentes niveles de educación básica o alfabetizaciónTe podría interesar...








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