La fuga de cerebros o la partida de profesionales, técnicos y científicos ante la falta de oportunidades es muy dañina para el país que proporcionó los medios económicos para que estudiaran, pero es un “plus” para la nación que los recibe, porque no ha tenido que invertir en su formación.
También estos mexicanos calificados no retornan al país porque no hay un empleo real; es decir, condiciones institucionales idóneas para su desarrollo profesional, técnico o científico. Esto quiere decir que nuestra nación no está preparada para recibir nuevos profesionales, ni los que se forman en casa y mucho menos los que se forman fuera.
Obviamente, nadie se opone al progreso personal y profesional de estos mexicanos destacados. Sin embargo, sería muy importante que el gobierno mexicano cuente con una política mejor planificada para lograr repatriarlos, a fin de que difundan sus conocimientos e incrementen la calificación de las personas que no tuvieron las mismas oportunidades de estudiar fuera de nuestras fronteras.
Pero no hacer nada para que regresen estos profesionales calificados es la peor apuesta del gobierno mexicano, aseguró el investigador de la Unidad Xochimilco.
Por tanto, la marcha de estos profesionales más calificados es el fruto de fracasos de las políticas gubernamentales y empresariales. Este fenómeno no cesará hasta en tanto la sociedad mexicana no decida efectuar fuertes inversiones en educación, ciencia y tecnología, en vez de canalizar recursos sin fin en gastos bélicos y armamentistas, en grupos que fatalmente terminan siendo sus verdugos, aseguró el investigador.








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