La otra intromisión en este asunto, fue la de Margarita Zavala, quien habló –especificó- como mujer y abogada (una especie de subcategoría, porque no he oído ningún caso donde se diga: hablo como hombre y abogado). Pero habría que decir que sus palabras como “mujer y abogada” no son inocentes, porque ella es la esposa de Felipe Calderón, es decir, su peso político es otro y además, no olvidar que ella es militante de Acción Nacional por tanto dijo -en tono dulce- que la vida empieza desde la concepción.
Peor aún, trascendió que previo al debate, el Vaticano, a través del Papa Benedicto XVI también intervino. El Vaticano, claro está lo desmintió, pero si lo hizo, el asunto es más grave de lo que se puede pensar, porque el Estado Vaticano se metió en un asunto que le correspondía sólo a este país y a nadie más, es más, le correspondía debatir únicamente a las y los ministros. Aunque habría que decir que no era necesaria la llamada del Papa a quien se haya hecho, pues la jerarquía católica mexicana hace su tarea con los hombres del poder mexicano. Recordemos los beneficios eclesiásticos que recibieron los llamados “niños de oro” (Jesús Romero y Lenin López) del padre Uvi, para que hacerle al tío Lolo en el caso de la reforma al 12 constitucional en Oaxaca hace dos años.
Estas llamadas, desplegados y declaraciones no fueron inocentes y se hicieron con recursos públicos, quizá el Papa llamó por cobrar, y seguramente sumaron a las “buenas conciencias” de quienes se oponen al derecho a decidir de las mujeres (el más preclaro de todos es Serrano Limón, no lo olvide), claro que también hicieron lo suyo los monopolios patriarcales de algunos medios de comunicación, confirmando lo que planteaba en el primer párrafo: lo menos que quieren son ciudadanas plenas de derecho, de ahí el regateo permanente sobre sus cuerpos, sobre su participación política y el no reconocimiento a la contribución económica que millones de mujeres hacen en este país.
Al final era de esperarse el resultado. El conservadurismo se impuso bajo un disfraz que busca –dicen- reconocer la constitucionalidad de la protección a la vida desde el momento de la concepción, tal y como existe en 17 entidades del país que reformaron sus constituciones locales para ese objetivo entre 2008 y 2010, incluyendo claro está a Oaxaca, gracias a la panista Perla Woolrich, apoyada increíblemente por perredistas, priistas y la demás realeza patriarcal ulisista, que entonces –como ahora- convivían alegre y amablemente.
En algunos Estados existen excepciones de aborto, es decir, existen condiciones específicas que permiten a las mujeres realizar dentro de determinadas normas un aborto, tal es el caso de violación, pero en otros estados hay mujeres presas porque se les acusa de asesinar al producto bajo el argumento de “homicidio en relación de parentesco”.
Como sea, lo cierto es que se ha criminalizado a las mujeres que abortan y se ha llenado de obstáculos el camino para acceder a él cuando es legal. Cientos de niñas violadas son condenadas a tener el producto de la agresión sexual y como dicen las expertas, el niño o niña se convertirá en el recordatorio permanente de la agresión sufrida y encarna una segunda violación a sus derechos como persona.
Yo me pregunto y le pregunto a los ministra y ministros conservadores, a Felipe Calderón y a su abogada esposa Margarita Zavala, a la jerarquía católica y a quienes consideran que las mujeres somos incapaces de decidir sobre nuestros cuerpos ¿qué vida es la que defienden? Por qué los hechos muestran que este país, bajo este régimen de guerra contra el crimen organizado, ha provocado casi 60 mil muertes, más de mil mujeres entre ellas, cientos de jóvenes violentadas sexualmente, raptadas y condenadas a la prostitución.
Qué vida protegen si las cifras de muertes siguen aumentando como resultado del feminicidio, con nula eficiencia en la investigación y una enorme impunidad campeando a lo largo y ancho del país. En Oaxaca, esta semana, pudimos cruzar información del recuento periodístico y datos oficiales, el resultado 70 mujeres asesinadas en sólo diez meses. En promedio son siete las mujeres asesinadas al mes y las autoridades sólo guardan silencio y dicen verdades a medias, como las expresadas esta semana por el procurador Manuel de Jesús López en el Congreso Federal.
Qué vida protegen si las cifras de muerte materna, es decir, como resultado del embarazo, parto y los 40 días posteriores al parto siguen siendo lacerantes en México y en algunas zonas es tan terrible como en algunos países paupérrimos de África.
Qué vida protegen si la nula existencia de campañas y servicios siguen provocando desatención y olvido frente a enfermedades que van desde la anorexia hasta el marasmo, el VIH-SIDA y todos los cánceres femeninos aunado, claro está, a la depresión cada vez más frecuente y aguda, consecuencia de la violencia, la crisis económica y la falta de oportunidades.
No entendía bien, ya despejé mis dudas: la vida de las mujeres no les importa.
Al final, lo único que me queda claro es que el patriarcado, el machismo, la intolerancia y la violencia contra las mujeres están vigentes, recobran con estas decisiones judicializadas cartas de naturalidad, mientras los derechos de las ciudadanas son pasados por la intolerancia de los intransigentes de la ultraderecha, tan viva y tan fuerte como la misoginia que las asesina.
P.D. ¡2 de octubre no se olvida!
Caracolasfem.blogspot.com
Canalgentelibre.com
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