La información que se dio a conocer esta semana (El IMPARCIAL/12 Julio 2011/Humberto Torres) enciende otra vez las alarmas porque se trata de organismos que exigen dinero al gobierno para la aplicación de programas, se responde a intereses de grupos, pero que generalmente esa gente que sirve de presión, nunca o casi nunca, recibe los beneficios. Peor aún, en tiempos del cambio, la transparencia y la democracia, nadie fiscaliza la aplicación de ese dinero público.
Eso sí, es común observar que en plantones y marchas, sean las mujeres quienes encabecen las movilizaciones, aunque de ellas, de sus problemas, sus demandas, no tengan ni la menor idea, los dirigentes como Gabriel Hernández, Uriel Díaz Caballero, Rosalindo Castro, Germán Mendoza Nube (ex dirigente magisterial), Alberto Reyna Figueroa (ex diputado local), Leopoldo de Gives (ex diputado), Pavel López (diputado del PRD), Oscar Cruz (Subsecretario General de Gobierno y Desarrollo Político), Lenin López (Subsecretario de Agronomía), Jesús Romero (Ex Diputado) Javier Villacaña (Diputado del PRI) entre otros.
Es indignante, sin duda alguna, que frente al grave problema de la violencia contra las mujeres lo que menos existe es un verdadero presupuesto a pesar, reitero, de los encendidos y alentadores arengas que se escuchan por acá y por allá, en la voz de toda la clase política, dinero y voluntad política parecen incompatibles cuando se trata de las mujeres.
Tan sólo este año, se ha hecho público, estas organizaciones político-sociales recibirán 325 millones de pesos, pero si se trata de las mujeres, si se trata de impulsar políticas para sensibilizar a la población en general sobre los alcances de construir una sociedad diferente, con igualdad real y no discursiva entre mujeres y hombres, no hay recursos y lo digo a ciencia cierta. El IMO tiene sólo 13 millones de pesos (de programas federales) para realizar esta tarea, es decir, el 4 por ciento del total de recursos que se darán a esas organizaciones y que lo sabemos no llegan a la gente.
Ya lo señalan los organismos internacionales, la violencia contra las mujeres no sólo impacta en el Producto Interno Bruto de las naciones, también detiene el desarrollo, genera pobreza, pero sobre todo, y lo más importante imposibilita a las mujeres a disponer de su ciudadanía y en los casos más extremos y los que tendríamos que lamentar como humanidad, es que esa violencia machista termina con sus vidas.
Es sólo cuestión de trocar el panorama. Imaginemos los resultados que se obtendrían si se pudieran destinar, de manera sistemática, campañas de concientización y educación, sobre una nueva cultura que posicione a las mujeres como verdaderas humanas, como verdaderas ciudadanas. Todos los días, por todos los medios, las mujeres (parafraseando una campaña que alguna vez realizamos en la Red Nacional de Periodistas de México, Centroamérica y el Caribe) y su derecho a vivir sin violencia, a la atención médica, a la educación, a la participación política y al trabajo digno, sin explotación ni las esclavitud que implica el neoliberalismo o la trata.
Eso cuesta, es más que voluntad política, es más que discursos y en tanto eso no cambie, en tanto se siga pensando que el machismo es una estructura inamovible, seguiremos contando las historias negras que durante los últimos tiempos hemos relatado. Es más que un catálogo de buenas intenciones en un Plan Estatal de Desarrollo, es más mucho más. Es más que repartir el dinero público entre las organizaciones para “desinflar la presión” -que curiosamente resultan un barril sin fondo-; no debemos al menos las mujeres quitar el dedo del renglón para que pronto se vea a las mujeres desde esa otra visión que hoy no pueden visualizar los gobiernos.
Frente a la emergencia del feminicidio, no olvidemos que en los últimos 12 años en Oaxaca han sido asesinadas casi 700 mujeres, se requiere más que buenos y encendidos discursos, más que buena voluntad eso de “queremos pero no podemos”, es indispensable erradicar las políticas de asistencia social que son solo migajas que no resuelven el problema de la desigualdad, incluso, es ir más allá de lo que la burocracia llama “presupuestos sensibles al género”, estamos frente a una emergencia social, y si les importa tendrán que asumir una conducta diferente, dejar de pulverizar el dinero en programitas y entre los barriles sin fondo, concentrarlo en una estrategia destinada a la ciudadanía de las mujeres, es decir, la apropiación y el ejercicio pleno de sus derechos. Así de simple y de sencilloTe podría interesar...








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