Los resultados obtenidos tras la investigación en la cueva indican que ésta fue ocupada en el periodo denominado Younger Dryas, caracterizado –según la tendencia en el Hemisferio Norte- por ser marcadamente frío y seco.
No obstante, los restos botánicos hallados en Santa Marta sugieren que en el sitio hubo un periodo más fresco, con lapsos húmedos-secos y variedad de vegetación, con áreas abiertas de sabana y zonas más cerradas de bosque mesófilo, perennifolio y caducifolio.
“La cueva indica esa diversidad, pero no sabemos si fue por las condiciones climáticas o simplemente que a finales del Pleistoceno la vegetación fue más diversa para las regiones tropicales de lo que se ha asumido. Aunque me inclino por lo segundo, los datos de los que disponemos son basados principalmente en Santa Marta”, explicó Acosta Ochoa.
Los restos vegetales encontrados indican que los primeros pobladores tuvieron un profundo conocimiento de los ecosistemas tropicales, pues fueron recuperadas semillas de plantas como el nanche y el tomate verde, además de polen de cacao, teosinte, damiana y pimienta dioica.
Por otro lado, apuntó, los análisis microscópicos de los artefactos de piedra en el sitio indican que sirvieron para procesar vegetales y madera tropical, principalmente de bosque mesófilo; estos datos fueron corroborados por pruebas químicas de los pisos de ocupación fechados entre el año 9,300 y 10,500 a.C., que muestran concentración de carbohidratos (restos de vegetales, principalmente semillas y tubérculos; de estos últimos, como granos de almidón, hay evidencia de su procesamiento para producir harinas).
Los resultados de estas investigaciones modifican el papel que los cazadores de las regiones tropicales desempeñaron en el desarrollo de los cultivos más importantes en América, y cuya fitogeografía es de tierras bajas tropicales, como el maíz, el cacao o la mandioca.
Estudio multidisciplinario
Es un estudio multi e interdisciplinario, donde participan distintos grupos de la Universidad como el área de Prehistoria del IIA; el Laboratorio Universitario de Radiocarbono, ubicado en la misma entidad, aunque dependiente del Instituto de Geología; además, colabora el Laboratorio de Polen de la Escuela Nacional de Antropología e Historia.
“Aunque los resultados preliminares los teníamos desde 2006, se trata de un trabajo que tiene alrededor de siete años, porque los fechamientos, que se hacen por aceleración de espectrometría de masa, los tuvimos más tarde”, indicó Acosta.
“Trabajamos directamente con semillas y tubérculos para saber su fecha exacta y tener una idea más clara y certera de la cronología del sitio”, agregó el científico universitario.
Algunos análisis, como el fechamiento estándar, se han hecho en el Laboratorio Universitario de Radiocarbono (LUR) del IIA, y otras pruebas químicas en el Laboratorio de Prospección, también de este instituto, para establecer las huellas que quedan en las superficies de ocupación, concluyó.Te podría interesar...








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