Se ubican hablantes asimismo del náhuatl también en los estados de Puebla, Morelos, Tlaxcala, Hidalgo y el Estado de México. Fuera de la región central del país se hablan variantes del náhuatl en Veracruz, San Luis Potosí, Jalisco, Guerrero, Oaxaca y Tabasco. Hay pequeños grupos de hablantes en Michoacán, Colima y Durango y en Izalco, República de El Salvador. Aproximadamente son 2 millones de hablantes los que mantienen vivo el náhuatl.
Para conocer la cultura náhuatl en un acercamiento sincrónico, es decir, cómo se desarrolló, cuáles fueron su creaciones y la instituciones que constituyó, Miguel León-Portilla plantea como fuente la Historia general de las cosas de la Nueva España de fray Bernardino de Sahagún, que se conserva en español y en náhuatl en el Códice Florentino.
Miguel León-Portilla cita del Códice Florentino: “Estos nahuas eran muy capaces, tenían sus señoríos, sus nobles, sus gobernantes que los regían […] Tienen sus bebidas, sus alimentos, sus vestidos, sus joyas, sus plumajes de quetzal, sus ajorcas, sus casas, hogares, sementeras y trojes […] En cada uno había prudencia, capacidad, creatividad como toltecas, artistas de las plumas, pintores, constructores, orfebres, trabajan las piedras preciosas, hacían tejidos, eran grandes sabios …”
A dos páginas se despliega un conjunto de gráficos, algunos tomados de los códices y otros de las inscripciones de representaciones en los edificios o glifos e ideogramas que documentan las diversas etapas en el desarrollo de esta cultura. Así, se establece una línea de tiempo que va del Clásico, 200-900 d.C.; al Epiclásico 600-990 d.C.; Postclásico Temprano 900-1200 d.C.; Postclásico Tardío 1200-1521 d.C.; Colonial 1521-1810; Siglo XIX al Siglo XXI.
En cuanto a la letras hay documentos que muestran el desarrollo que alcanzó por ejemplo la poesía, y se cita un poema de Temilotzin de Tlatelolco, quien fue defensor de Tenochtitlan y cantor de la amistad: “He venido, oh amigos nuestros:/ con collares ciño/ con plumajes de tzinitzcan doy cimiento,/ con plumas de guacamayo rodeo,/ pinto con los colores del oro,/ con trepidantes plumas de quetzal enlazo,/ al conjunto de los amigos./ Con cantos circundo a la comunidad./ la haré entrar al palacio,/ allí todos nosotros estaremos/ hasta que nos hayamos ido ala región de los muertos./ Así nos habremos dado en préstamos los unos a los otros./ Ya he venido,/ me pongo de pie,/ forjaré cantos,/ haré que los cantos broten,/ para vosotros, amigos nuestros,/ Soy enviado de Dios,/ soy poseedor de las flores,/yo soy Temilotzin,/ he venido a hacer amigos aquí.
El profesor-investigador del Colegio Mexiquense, Xavier Noguez; entrega en este número de Arqueología Mexicana el ensayo “Los códices nahuas del centro de México”, en el que destaca que antes de la llegada de los conquistadores españoles en las culturas antiguas de lo que hoy constituye la República Mexicana se había desarrollado una verdadera cultura de libros, su uso era sistemático, había lugares donde se guardaban, como bibliotecas, conocidas como amoxcalli o amoxpialoyan, y se les llamaba, de acuerdo con la traducción del náhuatl, libros pintados, es decir, los códices.
El ejemplar ofrece magníficas reproducciones del Códice Fejérváry-Mayer; el Códice Borbónico; el Códice Xólotl; el Códice Tepletaoztoc o Códice Kingsborough.
Patrick Johansson K. doctor en letras por la Universidad de París, presenta en su ensayo “Testimonios históricos y literarios en náhuatl”, testimonios manuscritos de diversas épocas de la cultura náhuatl que muestran cómo los miembros de esta cultura tenían una visión literaria e histórica de sí mismos, del origen de su cultura, de los hechos que vieron sucederse en el desarrollo de su agrupación social y de los acontecimientos en los que participaron.Te podría interesar...








Esta conversación es moderada acorde a las reglas de la comunidad “Ciudadanía Express” . Por favor lee las reglas antes de unirte a ella.
Para revisar las reglas da clic aquí