Ataviadas de sus coloridos trajes típicos, el espectáculo dancístico musical abrió con el anunció del embarazo entre las mujeres de una familia istmeña, causando algarabía y muestras de sororidad permanentes entre ellas. La nueva mamá rodeada de cuidados de sus familiares borda los huipiles que debe terminar antes de nazca el nuevo integrante.
Se muestra que con el paso del tiempo, esa bebé se convirtió en una señorita y entonces empezarían los cortejos del pretendiente, quien le insiste repetidamente hasta que la convence y entonces sigue el rapto - una costumbre muy arraigada entre las comunidades istmeñas e indígenas del estado, -cuya formalización debe darse una semana después, con los respectivos rituales.
La representación de esta unión entre la pareja istmeña son acompañados por la música de la región, donde las flores de múltiples colores se mueven cadenciosas en los trajes de gala para la ocasión, ataviados de joyas doradas, resplandores, holanes blancos y almidonados de las mujeres.
Los aplausos del público que abarrotó el inmueble en el Centro Histórico, interrumpían cada episodio. Cada pieza musical fue interpretada por niñas y niños del Istmo; desde la escenificación del nacimiento, hasta el “medio xhiga”, donde la joven pareja recién esposada recibe en su frente la moneda de oro o el billete para que bailen para la ocasión.
En el reciento teatral se encontraba un considerable número de turistas quienes no pudieron evitar las muestras de asombro y alegría que el espectáculo dancístico les produjo al transportarlos con las notas musicales y luminosos a esa región, rica en historia ancestral, gastronomía y gente amigable y por demás alegre, que al grito de ¡Viva Juchitán, viva el Istmo y viva Oaxaca! invitaron al público visitar la región.







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