Inspirada por el documental de Alain Resnais y Chris Marker Las estatuas también mueren (1953), una crítica a la explotación colonialista del arte africano por el coleccionismo europeo, la pieza de Campbell amplía su exploración sobre los usos y el valor del arte a través de cuatro capítulos. En uno, cuestiona el efecto de sustraer de su cultura original los bronces de Benín que se exhiben en la sala 25 del Museo Británico. En otro, un ballet de figuras negras genera ecuaciones e ideas de El capital, de Marx. En otro se exhibe un anuncio con formas humanas y, quizá el capítulo más poderoso, cuestiona la utilización comercial y política de las imágenes de mártires del IRA. Los otros tres finalistas del premio -que tiene una dotación económica de 25.000 libras para el ganador y al que optan los artistas británicos menores de 50 años por obras exhibidas el año pasado- eran Ciara Phillips, James Richards y Tris Vonna-Michell. Cada uno de los tres recibirá 5.000 libras. Hay una larga tradición de criticar al premio Turner, a la que contribuye la osadía de las propuestas seleccionadas, como la ya famosa cama desecha de Tracey Emin o los lienzos con excrementos de elefante de Chris Ofili. Pero en esta edición del 30ª aniversario, las críticas a las obras seleccionadas, que se pueden ver en la Tate Britain hasta el 4 de enero, han sido especialmente unánimes. Lo cierto es que recorrer en la penumbra las densas, complejas y largas piezas de vídeo no era precisamente un jolgorio. Si de detectar tendencias se trata, aparte de la densidad conceptual y querencia por el formato audiovisual, destaca la pujanza del arte escocés: tres de los seleccionados (Phillips y Vonna-Michell, además del propio Campbell) son licenciados en la Escuela de Arte de Glasgow.Te podría interesar...








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