“El trabajo consistió en buscar mutaciones que inactivaran este gen, es decir, que la proteína fabricada no fuera activa y por lo tanto se absorbiera menos colesterol en el intestino y así disminuyera el colesterol LDL que circula por la sangre”, explica Jaume Marrugat, coautor del estudio.
“Las personas con alguna de estas mutaciones presentaban unos 12 miligramos por decilitro menos de colesterol LDL en comparación con las personas sin ninguna mutación. La presencia de alguna de estas mutaciones se asoció a aproximadamente la mitad de riesgo de padecer un infarto de miocardio”, aclara Marrugat.
El estudio, que ha sido publicado en la revista The New England Journal of Medicine, ve un enorme potencial en este descubrimiento, ya que es mucho más sencillo desarrollar fármacos que inactiven un gen a que tengan que activarlo.







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