Al impartir la conferencia Analítica del aprendizaje: hacia una personalización de las ayudas educativas, explicó que la actividad referida se aboca a la colección, análisis y aplicación de la información acumulada, con herramientas computacionales, para medir el comportamiento de las comunidades integradas en torno a la relación docencia-enseñanza.
“Estos recursos permiten aplicar técnicas estadísticas, modelos predictivos y visualizaciones interactivas para optimizar el potencial de profesores y estudiantes. En términos generales, los resultados sirven para mejorar la instrucción y formación mediante la ponderación y desglose de aspectos demográficos y de desempeño de los educandos”, aseveró.
Regularmente las escuelas y colegios no se preocupan por recoger estos indicios, organizarlos, sopesarlos y utilizarlos, pero si conozco los patrones, ¿a quién y cómo se los comparto y para qué?, ¿qué puedo lograr si un profesor tiene datos de la trayectoria y conducta de determinados jóvenes y las instituciones conocen cómo recopilar este saber?, planteó Bustos Sánchez.
“La clave radica en reflexionar sobre cómo hacer que los menores de edad y los adultos atribuyan un propósito a este nivel académico. En este contexto surge la analítica del aprendizaje”, dijo.
¿Qué pasaría si muestro a un estudiante su avance y forma de actuar y las comparo con las de sujetos más exitosos en el rubro? ¿Los centros de educación superior les atribuyen valor? “La respuesta es no. Se acopian y acumulan por un tiempo y luego se pierden, pese a que pueden ofrecer un soporte fundamental”, concluyó.Te podría interesar...








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