“Una de las ventajas, con respecto a otros productos similares es que es inteligente, tiene un sensor autocalibrador, es decir, se programó un algoritmo con el cual se ajusta, según la posición que adopte el ciclista”, destacó Rivas.
“Nunca genera ruido, es decir, no envía una señal falsa, y al estirar el brazo se prende la direccional; incluso puede utilizarse bajo la lluvia y no tiene ningún problema”, ya que el dispositivo está diseñado para resistir el agua, destacó el egresado de la Facultad de Ciencias.
Safe Ride aparenta ser un chaleco convencional con superficie porosa; su sencillez no es delatada ni por la pila de litio de 3.7 voltios recargable, que alimenta su circuito a través de un convertidor de corriente.
El circuito consta de un cerebro central y un arreglo de leds; este último se halla en la parte trasera en forma de flechas (direccionales), que se encienden si los sensores detectan el movimiento del brazo que corresponde a la señal de dar vuelta.
El chaleco, afirmaron los universitarios no es solo un artilugio luminoso, sino que cuenta con una conexión directa al teléfono móvil; entonces, si la bicicleta sufre cambios de aceleración, permite alertar a los usuarios suscritos vía Twitter.
Además, posee un acelerómetro que tiene tres ejes; así, en el momento en el que sufre un cambio en la aceleración del eje X, que podría ser el frontal, lo registra en el cerebro, que está programado para percibir los cambios.
El apoyo y el proceso de licencia del producto están a cargo de la Coordinación de Innovación y Desarrollo de la UNAM.
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