“En esencia, lo que encontramos es que el disco de la Vía Láctea no es sólo un disco de estrellas en un plano - es ondulado. A medida que irradia hacia el exterior desde el Sol, vemos al menos cuatro ondas en el disco de la Vía Láctea. Aunque sólo podemos ver parte de la galaxia con estos datos, se supone que este patrón se va a encontrar en todo el disco”, aclara Newberg.
Los nuevos resultados reflejan, por tanto, que los anillos más allá del plano conocido de la Vía Láctea forman parte del disco galáctico, lo que aumentaría su diámetro a 150.000 años luz (si tenemos en cuenta que 1 año luz = 9.460.730.472.580 kilómetros, este nuevo dato nos hace sentirnos aún más pequeños y más fascinados por los misterios que aún nos quedan por resolver).
“Iniciando la investigación, los astrónomos habían observado que el número de estrellas de la Vía Láctea disminuye rápidamente a cerca de 50.000 años luz del centro de la galaxia, y luego aparece un anillo de estrellas a unos 60.000 años luz del centro. Lo que vemos ahora es que este anillo aparente es en realidad una onda en el disco. Y es muy posible que haya más ondas más lejos que aún no hemos visto”, explican los autores.
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