Con Velasco “se inicia la construcción simbólica del Popocatépetl y el Iztaccíhuatl como un elemento de identidad que rebasa los límites geográficos, y que se instalan como signos de una nacionalidad. Es un artista sumamente importante para la historia del arte en México y para el imaginario nacionalista”, aseguró.
A su vez, Andrés Reséndiz, académico del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas, del Instituto Nacional de Bellas Artes, señaló que por la relevancia de su producción, fue considerado el principal exponente del paisaje mexicano del siglo XIX, y su obra fue declarada patrimonio nacional”.
Para Velasco “no existía obstáculo disciplinario para relacionar al arte con la ciencia. Así colaboró como dibujante en obras científicas y hasta se interesó en iniciar un registro botánico por su propia cuenta.
A la vez, incorporaba en sus paisajes los detalles propios de nuestra vegetación y geología. De esta manera, se sirvió del arte para dar claridad a la ciencia y de la ciencia para dar veracidad al arte, comentó Andrés Reséndiz.
Además, era un genio del dibujo, de la pintura, del paisaje y un hombre interdisciplinario. Fue director de la Sociedad Mexicana de Historia Natural y fue miembro destacado del Instituto Geológico de México en el Porfiriato.
“Fue un ilustrador del Museo Nacional de Etnografía, de Arqueología”, y maestro de pintores de la talla de Diego Rivera, Roberto Montenegro y Doctor Atl, explicó el investigador del Munal, Víctor Rodríguez.
José María Velasco nació en Temascalcingo, Estado de México, el 6 de julio de 1840 y falleció a los 72 años en la ciudad de México.








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