Las vías para salir de la ciudad de un millón de habitantes ubicada en un valle estaban abarrotadas de personas, muchas de ellas con bebés en sus brazos, tratando de subir a los autobuses o de conseguir un aventón a bordo de automóviles y camiones.
Muchos dijeron que habían dormido a la intemperie desde el terremoto del sábado, ya sea porque sus casas fueron destruidas o porque temían que las réplicas podrían derrumbarlas.
"Estamos escapando", dijo Krishna Muktari, que administra una pequeña tienda de abarrotes en la ciudad de Katmandú. "¿Cómo se puede vivir aquí? Tengo hijos, no pueden salir corriendo de la casa toda la noche", agregó.
Las autoridades abrumadas estaban tratando de lidiar con la escasez de agua potable y alimentos, así como la amenaza de enfermedades.
Los enfermos y heridos yacían a la intemperie en la capital, sin posibilidad de encontrar camas en hospitales de la ciudad devastada. En las afueras del hospital Colegio Médico de Katmandú, cirujanos establecieron un centro de operaciones dentro de una tienda de campaña.
"Estamos abrumados con solicitudes de rescate y asistencia de todo el país", dijo Deepak Panda, un miembro de la entidad de Nepal para enfrentar los desastres.
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