Un Gobierno de izquierda había presentado su candidatura en un momento, 2011, en que la grave crisis financiera había quitado la confianza a los ciudadanos en sus instituciones y suscitado el interés por entrar en la zona del euro, ante la caída del valor de la corona islandesa.
Tras esta decisión, un tema sigue en suspenso: cómo superar las discrepancias entre Bruselas y Reikiavik sobre las cuotas de pesca, pilar de la economía islandesa. El espinoso asunto jamás fue abordado durante las negociaciones de adhesión, que duraron de junio de 2011 a enero de 2013.
A su llegada al poder en abril de 2013, el centro-derecha congeló las discusiones.
El Partido del Progreso (centrista y agrario) del primer ministro Sigmundur David Gunnlaugsson es profundamente antieuropeo, mientras que el Partido de la Independencia (conservador y cercano al mundo empresarial), más dividido, intentó imponer la idea de un referéndum que finalmente no se producirá.
El Gobierno islandés aseguró querer mantener "relaciones y una cooperación estrechas" con la UE, con la cual el país está ligado a través de la Asociación Europea de Libre Comercio (AELC) y la convención Schengen relativa a la libre circulación de personas.







Esta conversación es moderada acorde a las reglas de la comunidad “Ciudadanía Express” . Por favor lee las reglas antes de unirte a ella.
Para revisar las reglas da clic aquí