Querétaro, Querétaro.-Las mujeres, las personas lesbianas, gays, bisexuales, transexuales, travestis, transgénero e intersexuales, las niñas y los niños sufren de mayor número de vulnerabilidades en su paso por México con rumbo a los Estados Unidos, sobre todo después de 2006, cuando comenzaron los secuestros masivos, y ahora, a partir de la implementación del Programa Frontera Sur, señaló Alejandro Solalinde, fundador del albergue Hermanos en el Camino de Ciudad Ixtepec, Oaxaca, durante su participación en la XIV Semana Cultural de la Diversidad Sexual celebrada en Querétaro, entidad de la república que desde hace unos meses es resguardada en sus alrededores por operativo del Instituto Nacional de Migración.
De acuerdo con el sacerdote, quien aprovechó la ocasión para denunciar que en Querétaro se detuvo a 24 personas en el más reciente Viacrucis del Migrante a pesar de contar con documentación legal que acreditaba su estancia en México, en el caso de estos sectores, uno de los graves problemas a los que se enfrentan es la trata laboral y sexual y la desaparición forzada. En el caso dela población LGBTTTI y mujeres, explicó, buscan trabajo pero sólo lo encuentra en cantinas y centros de prostitución por lo que sólo hay empleo en el comercio sexual.
En el caso específico de las mujeres, señaló que son la mercancía de venta más rápida en el mercado humano, realidad reflejada en que aproximadamente hay 10 mil mujeres migrantes desaparecidas en el país, y de estas, alrededor de 25 por ciento han sido vendidas, y en algunos casos, torturadas.
“El migrante genera mucho dinero para quienes les explotan”, afirmó en su intervención en el evento organizado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia.
Derivado de esos problemas, se generan mecanismos de protección entre las mujeres como tener relaciones sexuales a cambio de seguridad, lo cual genera fenómenos como la sexualidad abierta donde se cambia el sexo por cosas de primera necesidad, se liberan tabúes, se practica en condiciones de camino y en muchas ocasione no se generan lazos afectivos.
En torno a la población LGBTTTI reconoció que aún hay pendientes al interior de los albergues para brindarles las atenciones que requieren, entre ellos, contar con espacios adecuados durante su estancia en dichos recintos.
También a quienes les ayudan

Otro problema que se ha suscitado es el de la criminalización de quienes ayudan a las personas migrantes como fue el caso de María Concepción Moreno Arteaga “Conchita”, quien pasó dos años en prisión, entre 2005 y 2007, acusada de tráfico de personas por dar de comer a personas migrantes en su casa localizada en El Ahorcado, Querétaro.
Como ella misma lo narró durante el evento, originalmente la habían condenado a seis años de cárcel “por dar un taco a los indocumentados” y ver por ellos en algunas ocasiones.
Para ella, al ver que la gente los corría por que decían que eran mariguanos y violadores, lo mínimo que podía hacer era ofrecerles un taco, aunque a veces ella misma no tuviera mucho que ofrecerles.
Al paso del tiempo, explicó, ellos comenzaron a llegar a su casa al saber que allí les podían dar alimento. A pesar de haber ido a la cárcel por su actividad, Conchita continúa con su labor y pide ayuda a sus vecinas, quienes a veces le cooperan para que le de comer “a los muchachos” o ropa o zapatos.
“Lo hago por humanidad, todos somos hermanos y debemos vernos los unos a los otros, ellos llevan la ilusión de superarse, otros se quedan en las vías, sólo llegan a Estados Unidos dos o tres los demás se caen del tren o se quedan en el camino”, concluyó Conchita.