“Solemos pensar que los niños en zonas rurales tienen peores condiciones, pero recientemente, en las migraciones a grandes ciudades y las malas condiciones que hay en áreas suburbanas, se ve que son igualmente limitadas”: Luisa Brumana.
De acuerdo a cifras de Unicef, entre los años 1990 y 2013, la mortalidad de menores de cinco años (medida por cada 1.000 nacidos vivos) se redujo en 67 por ciento y, en comparación, con el resto del mundo, la región ha sido una de las que más destaca en este progreso, junto a Asia Oriental y el Pacifico, que registra el mismo porcentaje de reducción.
Según la tabla de progresos de los ODM la región alcanzó la meta de reducción de la mortalidad infantil en dos terceras partes, al bajar de 54 a 19 los niños menores de cinco años muertos por cada 1.000 nacidos vivos, entre 1990 y 2013.
Estos avances están relacionados, entre otros factores, con el crecimiento económico de la región, que en la última década permitió a unas 70 millones de personas salir de la pobreza, según datos difundidos el 28 de mayo en esta capital chilena por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.
Las muertes prevenibles son las principales causas de mortalidad infantil en el mundo, pero en la región, están principalmente marcadas por la persistencia de desigualdades causadas por factores diversos, como el nivel de ingresos de las familias, el grupo de población al que pertenecen, la localización geográfica, el nivel educativo de los padres, entre otros.
“Por ejemplo, para una familia que vive alejada de un centro de salud en una zona rural, el acceso se hace más complicado y esto puede afectar la salud del niño, pongamos por caso, a la hora de cumplir con su calendario de vacunación”, explicó Brumana.
“También afectaría un alto costo médico para una familia de bajos ingresos, en un país que no cuenta con un sistema de protección social; o la calidad del servicio de salud, que es fundamental para poder garantizar el cuidado de la niñez”, añadió.
“No menos importante es que los servicios tengan en cuenta las diferencias culturales de cada región y puedan ofrecer servicios adaptados a las diferentes costumbres”, aseveró la experta.
Según el Informe de Progreso 2014: Una Promesa Renovada, de Unicef, los cinco países que más sobresalen en la región son Cuba, Chile, Antigua y Barbuda, Costa Rica y San Cristóbal y Nieves, que registran menos de 10 muertes por 1.000 nacidos vivos.
Los cinco países que pese a sus progresos tienen desafíos mayores son Haití, Bolivia, Guyana, Guatemala y República Dominicana, por ese orden. En el caso de Haití, en 2013 murieron 73 niños por 1.000 nacidos vivos.
“Existen grandes desigualdades dentro de los mismos países”, aseveró Brumana, y agregó que si bien hay ciertos factores que influyen más que otros, “no podemos generalizar sobre cuáles influyen más”.
“Solemos pensar que los niños en zonas rurales tienen peores condiciones, pero recientemente, en las migraciones a grandes ciudades y las malas condiciones que hay en áreas suburbanas, se ve que son igualmente limitadas”, explicó.
Un ejemplo es Colombia donde los promedios nacionales son buenos, pero en el interior del país se observan grandes desigualdades entre sus departamentos.
Así, por ejemplo, explicó la especialista, el noroccidental departamento de Chocó tiene un índice de mortalidad infantil de menores de cinco años tres veces más alto que el de Bogotá, de 30,5 y 13,77 respectivamente, según datos de 2011.
“La prioridad ahora es dar un mejor acceso a los grupos de población más marginados, que generalmente son los que viven en zonas rurales alejadas o grupos de población indígena y afrodescendiente”, destacó Brumana.
Añadió que existen iniciativas regionales que están trabajando para lograr avances en este sentido.
Una de ellas es el movimiento regional Una Promesa Renovada para las Américas, cuyo objetivo es reducir la profundas inequidades en salud reproductiva, materna, neonatal, de la niñez y del adolescente por medio del apoyo político y técnico a los países en el desarrollo de la detección de las inequidades, la generación de conciencia, uniendo a los actores clave y promoviendo el intercambio de buenas prácticas.
Otro desafío apunta a la reducción de los índices de mortalidad neonatal, una de las etapas más críticas en el desarrollo, que abarca los primeros 28 días de vida.
Al año, 2,8 millones de bebés mueren en esta etapa en el mundo. Un millón ni siquiera llega al segundo día.
Lo importante ahora es mantener las políticas públicas orientadas a mejorar el acceso a la salud y a la descentralización de las políticas de salud, según el movimiento regional.
Y como siempre, garantizar la educación, un factor que contribuye a reducir la mortalidad infantil.
Editado por Estrella GutiérrezTe podría interesar...








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