Barroso, quien también es antropóloga, conoció a Noyola Bruno cuando se trasladó a la Costa a fin de estudiar el son de artesa, baile popular entre los pueblos de la región que se ejecuta sobre una tarima hecha de una sola pieza de madera, a la que se da forma de un animal que puede ser un toro, una vaca o un caballo.
En épocas antiguas, la artesa tenía un sentido ritual y formaba parte de actividades sociales y religiosas como bodas, entierros de niños y fiestas del pueblo. Toda actividad importante en la comunidad ameritaba este baile, que en ocasiones duraba hasta el amanecer.
Noyola Bruno, originaria de San Nicolás Tolentino, Guerrero, fue una compositora, versadora y bailadora de este género musical y dancístico. No sabía leer ni escribir, tuvo siete hijos y trabajó toda su vida para sobrevivir. Su carácter explosivo, su pasión por la vida, su sabiduría memoria y lucidez la convirtieron en un personaje que trascendió en el tiempo.
Su historia le bastó a Barroso para realizar esta muestra fotográfica, que mezcla la música, la recuperación de historias orales, el testimonio de una parte de los pueblos negros en las costas de México y, por supuesto, el devenir de las mujeres en esta zona.
Esta exposición es el antecedente de un proyecto mayor de cine documental, donde se recogen los últimos momentos de la vida de Noyola Bruno en el contexto de los pueblos negros de la costa.Te podría interesar...








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