El joven, que no ha concluido sus estudios en la Universidad Case Western Reserve, de Cleveland, explicó que el invento se puede aplicar en turbinas de avión y aquellas que se usan para generar energía. “Se pretende reducir los costos de combustible para los aviones hasta 10 por ciento y bajar emisiones contaminantes hasta 20 por ciento”.
A pesar del logro obtenido, Gómez del Campo calificó de prematuro el reconocimiento, pues existen otros emprendedores cuyas iniciativas están teniendo ya impacto. “Pero lo tomo como un reto para seguir trabajando en lo que estoy haciendo”, manifestó.
“El ciclo de las tecnologías es muy largo, toma mucho tiempo y mucho dinero y por eso no hemos llegado al mercado, por eso siento que es prematuro. Es emocionante lo que estamos haciendo, pero va a tomar un poco más de tiempo su aplicación”, enfatizó.
Gómez del Campo dijo que lo que le permitió desarrollar la tecnología fue haber contado con una amplia y fuerte red de apoyo en Estados Unidos, tanto en su universidad como a escala comunitaria y gubernamental.
Consideró que estos son aspectos que se requieren en México. “A mí me encantaría ver que este tipo de cosas pueden suceder en mi país”, puntualizó el universitario.
“Esto es parte de lo que falta en México; faltan conexiones con centros de inestigación como universidades, siento que falta un poco de apoyo de inversión, un poco de protección de derechos de autor”, refirió.
Gómez del Campo se dijo emocionado por el temprano desarrollo de la industria aeroespacial en Querétaro, que se ha hecho posible mediante un acuerdo de cooperación entre el gobierno y la empresa canadiense Bombardier.
“Creo que esa es una muestra de que esta industria está empezando a crecer en México, y ahora lo que se debe hacer es también abrir ese tipo de espacios a los emprendedores para darles la facilidad de llevar tecnologías de laboratorio al mercado y pienso que eso debe empezar dentro de las universidades en México”, apuntó.
Gómez del Campo insistió en que falta aún un mayor impulso para promover y ampliar el acceso de más jóvenes a carreras de ingeniería.
Hoy, a los 21 años, Gómez del Campo preside ya su propia compañía, FGC Plasma Solutions, con la que espera regresar eventualmente a México para apoyar a otros jóvenes que quieran llevar a cabo un proyecto.
“Falta más apoyo del gobierno y de los empresarios. Creo que hemos dado un primer paso pero pequeño, creo que faltan muchos más. Si esto sale bien me encantaría regresar a México a dar más pasos”, indicó.
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