Además, consideró Álvarez-Buylla, el maíz transgénico (MT) en territorio nacional es innecesario, pues por más de ocho mil años hemos tenido una producción exitosa y sustentable, tanto a nivel del mar como en zonas altas.
La ciencia corporativa afirma que el maíz transgénico no hace daño, es resistente a plagas y tolerante a herbicidas como el glifosato. Sin embargo, explicó, "posee sustancias químicas necesarias para su cultivo y peligrosas para la salud. Además, no tiene los aceites, proteínas, fibras y anticancerígenos del original, pero sí almidones con altos índices glicéridos y contenidos tóxicos elevados".
Incluso, aclaró "es imposible controlar y restringir al maíz a siembras autorizadas, pues una vez utilizado, el productor ya no puede regresar al recurso natural. Con su introducción creció el uso de fertilizantes y contaminación con sus derivados."
En Estados Unidos —el mayor consumidor de transgénicos—, sus ciudadanos han experimentado afectaciones en su salud; por ejemplo, el autismo ha aumentado considerablemente: en 1975 se registraba un caso entre cada cinco mil individuos, en 2010 el índice es de uno entre cada 68 personas.
En el ciclo de la siembra, el maíz transgénico altera la biodiversidad, y propicia el cambio climático, de altitud, suelo, limitación de agua, altas temperaturas y disponibilidad de nutrientes. “La planta alterada genéticamente tiene el potencial de destruir el sostén de la agricultura mexicana y mundial, e incluso cancelar la soberanía alimentaria", consideró.
Para corregir la situación es necesario fomentar un respeto a la agricultura campesina y garantizar el derecho a comestibles no transgénicos, además de prohibir la liberación del maíz transgénico en México, concluyó.
Fuente: Noticias MVS







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