En apenas 330 segundos, la rana, de hasta 23 milímetros de longitud, puede variar su apariencia, presumiblemente como mecanismo de defensa para escapar del peligro, agregó el director del Centro de Investigación de la Biodiversidad y el Cambio Climático de la Universidad Tecnológica Indoamérica de Ecuador.
“Lo más extravagante es ese cambio de textura en un vertebrado”, enfatizó Guayasamín, quien recordó que entre los invertebrados hay un pulpo que puede mutar en color y aspecto.
La rana tiene como hábitat el musgo, en el que se mimetiza totalmente gracias a su pellejo tubercular, con formas de espinas y capaz de variar de tonalidad.
Describió a la ranita como un animal nocturno, arbóreo y con varios tipos de cantos, algo inusual en los anfibios. A pesar de que su camuflaje no permite distinguirla fácilmente, “es bastante común. Solo que vive en un ambiente bastante inaccesible”, señaló.
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