En el evento se trataron temas como la defensa del territorio y los recursos naturales, la agenda internacional indígena y la armonización legislativa, la situación de las mujeres y la representación política de los pueblos indígenas. Se habló también mucho de la importancia y la necesidad de unidad del movimiento y se acordó continuar trabajando para reorganizar un movimiento indígena nacional.
En la declaración final del evento se expresa que “para concertar la unidad nacional indígena, habremos de propiciar un proceso dialogante con todos los pueblos indígenas y sus personalidades y liderazgos, y movimientos indígenas locales que nos sea posible a lo largo y ancho del país”, y que el método para fomentar la unidad consistirá en “diálogo, conciliación, reconciliación, perdón (y) acuerdos”.
En el mismo documento, se exige al Estado mexicano el reconocimiento de los derechos colectivos de los pueblos indígenas como sujetos de derecho público, el respeto a los territorios indígenas y su reconocimiento “como el espacio geográfico donde nuestros pueblos originarios ejercen jurisdiccionalidad” y la liberación de Mario Luna Romero y Fernando Jiménez Gutiérrez, presos políticos yaquis, encarcelados por luchar contra la construcción del acueducto Independencia de Sonora. Asimismo, se manifiesta el rechazo a la privatización del agua y se solicita la creación de una sexta circunscripción electoral para los pueblos indígenas.
Varias de las demandas de los asistentes al evento no son nuevas, son las mismas de hace 20 años o más, las mismas que se discutieron en los diálogos de San Andrés y por las que los asistentes al evento llevan lustros peleando. Y por más modificaciones a la Constitución, por más leyes e instrumentos internacionales, y por más promesas de los gobernantes en turno, continúan sin resolverse. Al contrario, con las concesiones mineras, la reforma energética y la ambición de las grandes empresas – sobre todo trasnacionales – de posesionarse de todo, los pueblos indígenas se enfrentan ahora más que nunca al despojo de sus territorios y a su extinción.
Si bien no han cesado las luchas locales contra el mencionado despojo, el movimiento indígena a nivel nacional lleva varios años desarticulado. Sin duda es indispensable que se vuelvan a unir fuerzas; ojalá la reunión realizada esta semana sea de verdad el inicio de reconstitución de un movimiento indígena sólido que logre contrarrestar las agresiones de las que están siendo objeto por el gobierno y las empresas.Te podría interesar...








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