Por su parte, el escrito colombiano Raúl Vallejo, se adentra en lo que hoy es tema entre analistas por ser fundamentalistas del islam los perpetradores del crimen en Paris:
"También es conocida, desde los estudios sicológicos, la carga de agresividad que contiene el chiste y esa agresividad esconde, en muchas ocasiones, no solo rencores profundos contra el blanco del chiste sino, ya en el plano social, prejuicios de toda laya en contra de un grupo social determinado.
“En el plano cotidiano, las bromas sobre las personas ‘que nos caen mal’ suelen develar niveles reprimidos de odio y se ejecutan como formas taimadas de venganza”.
Sin embargo, aunque no existan códigos para el dibujante, periodistas como Asdrúbal de la Torre dice: “solamente creería que son dos factores fundamentales que la regulan: los valores morales del caricaturista y la experiencia en su profesión”.
Raúl Vallejo, señala que con el liberalismo ideológico posmoderno se pretende canonizar el humor como un espacio para la “irreverencia sin límites”, no obstante, agrega: “el arte, en general, tiene el límite ético de lidiar con la verdad del artista y la verdad de la obra así como con las repercusiones sociales de sus planos significativos. En ese marco, el humor, ya no entendido como una manifestación carnavalesca de lo popular, sino como una elaboración ideológica y política tiene, paradójicamente, serias responsabilidades y límites éticos”.
El asunto de las caricaturas sobres los musulmanes y el derecho a la libertad de expresión ya tiene tiempo en la polémica. Sobre ello, publicó el influyente diario The Guardian: “Hay límites y fronteras —de buen gusto, de derecho, de convención, de principio o de buen juicio”.
El periodista estadounidense David Brooks escribió hace días: “A los periodistas de Charlie Hebdo se les aclama ahora justamente como mártires de la libertad de expresión, pero seamos francos: si hubiesen intentado publicar su periódico satírico en cualquier campus universitario estadounidense durante las dos últimas décadas, no habría durado ni treinta segundos. Los grupos de estudiantes y docentes los habrían acusado de incitación al odio. La Administración les habría retirado toda financiación y habría ordenado su cierre”.
Miguen Ángel Bastenier escribió: "El oficio de Charlie Hebdo es la sátira, que está plenamente cubierta por el derecho a la libertad de expresión; ahora, bien sacar a Mahoma en pelotas y, peor aún, decir que ‘el Corán es la mierda’ es una muestra de un mal gusto sin límites, una expresión tan soez como injusta y el que crea que eso es buen periodismo en mi opinión se equivoca gravemente." […]. Yo opino que ofender deliberadamente, insultar, hacer escarnio de personas e instituciones sin las pruebas de que lo que se dice tiene no justificación alguna, me parece fuera de lugar”.
El tema a tratar es complejo. Desde hace tiempo se habla de que si, en la libertad de expresión todo está permitido, desde la ética hay cosas que son reprochables y necesitan autorregulación. Para quienes señalan que es mejor tener un exceso de libertad expresión que limitaciones, deben pensar en esa máxima que dice que: “ninguna libertad, es absoluta”.
Para el icono de la ética periodística en Latinoamérica, Javier Darío Restrepo, el caricaturista cumple una función en la que se mezclan las actividades del fotógrafo y la del columnista de opinión (imagen y opinión), como uno y otro tienen un compromiso con la verdad, “debe guiarse por los valores y principios éticos aplicables a los fotógrafos y a los columnistas de opinión ]…] en el lápiz del caricaturista se vuelve reflexión, o crítica, o comentario, pero nunca debe ser burla, ni sarcasmo, ni chiste ligero”.
Afinamos, por lo tanto, que, la caricatura política, al igual que cualquier otro género periodístico debería tener el mismo margen ético que estos.
Como recalca Raúl Vallejo: “No es cierto, por lo tanto, que el humorista carece de responsabilidades éticas, políticas, sociales o legales; tampoco es cierto que, a cuenta del humor, cualquier cosa debe ser aceptada como verdad; y, finalmente, el límite ético del humor político —al igual que para el análisis académico—, está trazado por la veracidad de los hechos que utiliza para construir un mensaje político. Y nada de esto es chiste”.Te podría interesar...








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