“En esa búsqueda de identidad ha habido muchos choques. Pero el verdadero peligro es que de esa lucha broten ideas que nos pueden armar para decidir quienes somos”, defiende el creador de la obra en entrevista con Notimex.
Pese al mensaje social y político de la obra, Tanamachi asegura que aborda el arte “más como una cuestión plástica que de comunicación”.
“No busco pasar un mensaje. Pero es claro que hacer un mural, hacer arte en un espacio público es, de por sí, hacer política, porque se está recuperando el espacio público”, señala.
Los costes de la obra, en la que se emplearon tres kilos de piedras naturales, se han cubierto con financiación participativa (crowdfunding) y una ayuda de la embajada de México en Holanda.
El proyecto todo ha tomado más de un año para concretarse, desde la concepción hasta la instalación, debido a una serie de contratiempos que enseñarían a los artistas las diferencias culturales entre México y Holanda.
“En México estamos acostumbrados a que planeamos un mural y lo sacamos de un día para el otro. Acá, en cambio, se plantea todo con mucha anticipación”, observa Tanamachi.
Así, el muralista, que pretendía concluir su obra en verano, se vio obligado a esperar meses por la entrega de la materia prima y por la disponibilidad de la empresa constructora que se encargaría de instalar el mural en el patio del Instituto Cervantes.
También dedicó mucho tiempo buscando suministradores y tuvo que adaptar su trabajo al clima frío e imprevisible de Holanda.
En medio a las dificultades, Tanamachi y su equipo -Alejandro Loyola, Lys Romero, María Fernanda Arévalo y Eduardo Ponce- pudieron contar con el apoyo de los vecinos del pueblo de Westbroek, cercano a Utrecht, donde instalaron su taller entre mayo y junio pasados.
“Uno nos prestó un montacargas para descargar las piedras, otro nos dejo su coche para llevar el material a Utrecht. Nos sentimos muy apoyados por la comunidad”, cuenta Tanamachi.
El proceso ha sido enteramente documentado en fotografías y video con la intención de generar “algún tipo de publicación”, explica el artista de 31 años, quien ejerce actualmente como profesor en la facultad de artes en la UNAM.
“Tenemos una tradición muy importante en México de muralismo. Por eso es importante documentar y dar continuidad a esa tradición. Sabemos que lo que hemos hecho aquí tiene importancia, aunque aún no somos capaces de mesurar cuál es esa importancia”, afirma.
Al inaugurar el mural, el embajador de México en Holanda, Eduardo Ibarrola-Nicolín, celebró la “estrecha cooperación” que mantienen la representación diplomática y el Instituto Cervantes y destacó los “vínculos tan estrechos que unen a México con España”.Te podría interesar...








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