
Julio César Méndez Ramos, Juliana Jiménez Cruz y Elías Ramos Rodríguez son los nombres de los jóvenes tabasqueños del poblado Ignacio Gutiérrez Gómez, del municipio de Cárdenas, que en conjunto con su asesor, el ingeniero Rafael Cruz Cruz, han desarrollado estas láminas las cuales, afirman, no presentan un factor de riesgo para la salud al estar hechas con materiales orgánicos, a diferencia de lo que se ha descubierto con las láminas hechas a partir del asbesto que presenta agentes cancerígenos.
Agregan que, en comparación con las láminas galvanizadas, no conducen electricidad y al estar hachas con fibra natural poseen la propiedad de ser térmicas, de esta forma no permiten que una habitación se caliente tan rápido en tiempos de sol, y al haber frío la mantiene cálida; además no generan el crecimiento de hongos o bacterias y su costo es 25 por ciento más económico que las presentes en el mercado.
Detallan que al terminar su periodo de vida, que es aproximadamente de 10 a 15 años, estas láminas pueden ser trituradas e integrarse nuevamente a la tierra como abono.
Los jóvenes, que actualmente cursan su bachillerato con especialidad técnica en producción de alimentos, cuentan que la idea surgió en un salón de clases al estar tomando la materia llamada Procesos de frutas y hortalizas, en la cual el profesor les platicó que de la planta de plátano solo se utiliza 12 por ciento del producto, el 88 por ciento restante, que consiste en las hojas, tallo y raíces, es desechado.
Ahí surgió la curiosidad de los jóvenes, que en aquel entonces contaban con quince años de edad, decidiendo formar un equipo de investigación para explorar y saber qué se podía realizar con los desechos de esta planta, elaborando prácticas, hasta que llegaron a extraer la fibra del tallo.
“Fue ahí cuando comenzaron las ideas, ya que descubrimos que la fibra es muy flexible y podía ser utilizada para emplearse para muchas cosas, no solo para láminas sino para otros materiales, pues cuenta con capacidades similares a las de comprimidos de madera, fue así que también empezamos a realizar sillas y mesas”, expusieron.
Con el proyecto LAMBIO los jóvenes buscan dar un segundo uso al tallo de la planta de plátano que, de acuerdo con las investigaciones que han realizado, es considerado un desecho que genera 545 mil toneladas cada ocho meses en el estado de Tabasco —que es el segundo productor de este fruto en el país— y al emplearlo en el uso de láminas biodegradables u otros materiales se convierte en una alternativa para disminuir la deforestación, ya que con este material también se pueden realizar muebles, evitando también la proliferación de fauna nociva.
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