La primera edición de Crónica de Santa María Chimalapa fue financiada por el propio autor en 1977. En aquel tiempo, explica el etnólogo, este libro resultaba ser ingenuo pues aunque hay un esfuerzo por entender la historia no presentaba un análisis antropológico de la etnia. La apreciación cambia ahora, “porque hoy en día encontramos que es el único texto que contiene información de los zoques oaxaqueños de hace 50 años, de modo que el tiempo ha valorado el trabajo aquí invertido”.
Leopoldo Trejo, autor del estudio introductorio de la segunda edición, comparte que el libro cuenta además con un trabajo narrativo muy bien escrito. Santa María es uno de los dos municipios que junto con San Miguel, conforma la región de Los Chimalapas, hogar del pueblo zoque oaxaqueño en las inmediaciones del Istmo de Tehuantepec. Ahí llegó el maestro Carlos Muñoz en 1961, en uno de los tantos viajes que realizó alrededor del país.
De personalidad aventurera y curiosa, el duranguense trabajó como docente con los también llamados chimas; esta actividad le permitió un intercambio recíproco de enseñanza-aprendizaje, motivo por el cual regresó en 1965 con la intención de realizar un estudio monográfico. Muñoz relata que loschimalapas le enseñaron una sabiduría “que provenía de una cultura antigua, de antes de los españoles”.
Crónica de Santa María Chimalapa consta de dos partes. La primera es un diario en el que Carlos Muñoz narra los sucesos personales vividos en 1961 y 1965, a través de un relato con matices periodísticos sobre las personas y los acontecimientos que tuvieron lugar durante su estancia.
La segunda parte, en cambio, se acerca más a los parámetros con los que se trabaja la monografía etnográfica. Se divide en tres apartados, denominados apuntes históricos, folklóricos y geográficos, el primero describe los sucesos más relevantes de Santa María Chimalapa en un riguroso orden cronológico, desde la prehistoria hasta los años recientes. Después aborda su cosmovisión y los vocablos en lengua ‘angpøn con que se nombran a los integrantes de la familia, los animales y las plantas, y cómo todos estos elementos mostraban un modo de relación único entre el pueblo zoque y su entorno natural y social.
El último apartado contiene ilustraciones realizadas por Jaime Muñoz, hermano del profesor Carlos Muñoz, que muestran la ubicación, ríos, clima, flora y fauna, así como características sociales y económicas de este poblado.
En una reflexión personal y poética, el profesor Muñoz también comparte con el lector el factor atemporal de la vida en esta región istmeña, un vivir y no vivir —dice él—, donde su mente “es como un náufrago a salvo en esta isla engullida por la selva; en este aislamiento donde se siente que el mundo exterior, que Juchitán y Matías Romero, están a una distancia infinita”.Te podría interesar...








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