“El silencio de los cuerpos. Relatos sobre feminicidios”, reúne las historias de Orfa Alarcón, Gabriela Damián Miravete, Iris García Cuevas, Susana Iglesias, Abril Posas, Ivonne Reyes Chiquete, Cristina Rivera Garza, Tania Tagle y el prólogo de Sergio González Rodríguez, todos comprometidos a levantar la voz en un país donde los homicidios ocurren bajo el amparo de la impunidad.
Teniendo como marco la Feria Universitaria del Libro, FUL 2016, “donde a las letras no se las lleva el viento”, que se desarrollará en el Polideportivo Carlos Martínez Balmori de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, Raquel Castro y sus colegas presentarán esta serie de cuentos como una forma menos dolorosa de asomarse a la realidad, pero a fin de cuentas importante para comprender la gravedad de este problema.
“Son importantes libros como este, porque los invitamos a entender qué está pasando y si les resulta muy cruel, se los presentamos como una ficción que pueden cerrar. Nuestra sociedad necesita ser más sensible, liberar el mecanismo de defensa y entender que a todos nos puede pasar”, anticipa la autora, tras afirmar que este tipo de ficciones permiten asomarnos a ese pozo sin el vértigo de la caída que da la realidad.
A partir de la historia de Marcela, tras la desaparición de su hermana Sabina, la autora describe la estigmatización que viven las víctimas, la indolencia de las autoridades, la fragmentación de las familias y la solidaridad entre los grupos de la sociedad civil que enfrentan una tragedia similar.
“Cuando empecé a investigar sobre el tema, leía testimonios y testimonios, sentía que me faltaba algo. ¿Cómo vive una familia después de que alguien ya no está?... qué hacer si no tienes un cierre del problema, que ocurre cuando no te entregan un cuerpo, porque no pueden las familias no pueden tener un duelo”, reflexiona Raquel Castro para explicar que su cuento titulado “Viva”, quería retratar el agujero negro que se forma al interior de estas familias, para absorber y chupar todo lo que está a su alrededor.
Finalmente, insiste la autora en que es responsabilidad de todos hacer visible este problema que crece en cifras gracias a la impunidad y reconoce que es muy difícil ayudar a las familias de las víctimas, sin embargo mucho se puede hacer desde el ámbito privado, educando contra la violencia y dando voz a estas historias, concluyó.







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