Ella lloró, mientras veía a toda su familia perderse entre los montes. Florecita se quedó con la familia para la que trabajaba y recibió toda clase de maltratos.
Dos años después, su mamá mandó por ella, aunque en realidad era porque una señora necesitaba una niña para que le ayudara en la casa, esta vez en la capital mexicana.
Seis meses después la devolvió y le pagó por sus servicios 150 pesos “con un montón de monedas”.
http://www.semmexico.org/matrimonio-infantil-una-puerta-al-abismo/
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