Pura López dio lectura al texto Jinete a la carga, pasajero en ancas, donde abordó algunas de las características y temas de la obra de Francisco Hernández: el canto, el alma, la punción erótica de la muerte, su lengua y lugar de procedencia.
“Francisco Hernández es fiel a su tarea exclusiva del poeta. Así escriba prólogos, introducciones o distintos textos en prosa, no puede evitar una visión lírica que siempre sale a flote y otorga confiabilidad a sus temas.
“Sumamente prolífico y traducido a muchas lenguas, desde que lo conozco publica por lo menos un libro al año y el mundo literario le ha concebido todos los reconocimientos que merece”.
León Plascencia conversó sobre “Los cuadernos negros de Francisco Hernández”, diarios de lectura que contienen lo que el poeta leía, los cuales confeccionó a partir de 1988.
El editor añadió que se trata de libros que “forman un corpus donde el azar arma un entramado no siempre evidente, pero que se vuelve un compendio de vida del poeta que va de 1988 a 1994”.
Agregó que cada página, a través de citas, recortes de periódicos, montajes, imágenes, fotografías y dibujos, está construida desde la mirada del deseo, el amor, la poesía y la muerte.
“Francisco me ha parecido siempre uno de los grandísimos poetas que tiene la lengua española y por eso al conocer estos cuadernos en mi imaginación alcanzaron el status de obras de arte.
“Estos libros se fueron construyendo sin más ambición que ser simples diarios o cuadernos donde Francisco anotaba frases o slogans publicitarios a los que después les añadiría citas literarias, haría intervenciones o pondría recortes de notas que aparecían en relación con los libros o entrevistas que le hacían”.
Al respecto, Francisco Hernández detalló que surgieron como un regalo, porque una amiga estadounidense le dio el primer cuaderno para que escribiera o apuntara en sus páginas cosas en las que trabajaba.
“Los cuadernos tienen textos publicitarios y dibujos sobre lo que debería, quizá, aparecer en un comercial de televisión, porque yo trabajé 29 años en agencias de publicidad y de ahí que estuvieran llenos de textos, imágenes, dibujos y sellos”.
El poeta añadió que sus black books no surgieron con la idea de ser libros de artista, sino con el deseo de ser una obra entretenida, divertida y “para pasar el rato en las agencias de publicidad y robarle un poco de tiempo a los ricos dueños, pero sobre todo para divertirme”.
La charla concluyó con la lectura que Francisco Hernández hizo de sus obras Presentimiento, Mi casa se cayó del caballo, Mucho calor, Carta a mis pies, Carta a Ron Mueck y Carta a Phil Kelly.Te podría interesar...








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