La mengua de estos insectos fue tal, que de haber ocurrido un evento climatológico adverso habría terminado con este fenómeno, resaltó.
Asimismo, advirtió que el uso excesivo de herbicidas, en particular por agricultores de Estados Unidos y Canadá para terminar con las asclepias (malezas, plantas de las que se alimenta la mariposa en su trayecto), ha puesto en crisis la migración.
Cada otoño realizan un recorrido de poco más de cuatro mil kilómetros, desde Canadá para llegar a México, y de regreso. Es un suceso impresionante y de gran sensibilidad social, lo que representa el compromiso para los tres gobiernos de preservar la ruta migratoria, la segunda más larga realizada por un insecto.
Paradójicamente, los esfuerzos de investigación sólo se centraban en la conservación de la Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca, “lo que permitió advertir que teníamos un modelo de preservación incompleto”.
El reto fue presentar una propuesta de protección que incluyera la preservación de rutas hacia México y de regreso a Estados Unidos, en particular. Éste es un componente fundamental para cuidar ese fenómeno, el cual no se tenía contemplado y que el grupo de investigación del IB planteó.
Como parte de este proyecto, abundó, durante los últimos 18 meses, en colaboración con la World Wildlife Fund (WWF) y la Conanp, “nos dimos a la tarea de evaluar la deforestación de la zona núcleo de la Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca –al oriente de Michoacán, en los límites con el poniente del Estado de México–, cuyo propósito es monitorear que esa franja esté mejor conservada para mantener un hábitat adecuado”.
Sólo existían algunos datos anecdóticos de registros de zonas donde se observa a la monarca durante su trayecto de norte a sur, y viceversa, pero se carecía de información sistemática y cuantitativa de la ruta migratoria mexicana.
“En el Laboratorio Nacional de Biodiversidad tenemos una línea de estudio en la que se desarrollan modelos de distribución de especies para ubicar e identificar áreas prioritarias, cuyo enfoque teórico-metodológico permitió crear una propuesta de conservación de la ruta que conectara con otras áreas importantes hacia el norte”, reiteró.
Como parte de esta aportación, los universitarios identificaron entre 40 y 50 especies vegetales –que incluyen asclepias– a lo largo de la ruta, de importancia para su alimentación, pero también árboles como encinos, pinos y oyameles que utiliza de percha para descansar.
El modelo fue sobrepuesto con el de nichos ecológicos elaborado con anterioridad por los universitarios, lo que les permitió identificar aquellas áreas protegidas que coincidían –municipales, estatales y federales– con el trayecto.
El siguiente paso fue el monitoreo de las mariposas que llegaron desde octubre, y a partir de ahí establecer puntos estratégicos para registrar la población, validar y refinar el modelo de conservación.
“El estudio demuestra que teníamos un modelo incompleto para conservar el fenómeno y que es necesario llegar a uno más integral”.
Preservar la travesía abrió la discusión científica en torno a la necesidad de replantear algunos argumentos que sustentan el paradigma clásico de conservación de la biodiversidad. Procesos como el que realiza este insecto para su subsistencia son muy dinámicos, entonces es necesario mantener áreas geográficas fuera de las zonas naturales protegidas, pero ambas en total conectividad, apuntó.
Por último, resaltó que buena parte de la información utilizada en el proyecto provino de la Colección Nacional de Insectos, bajo resguardo del IB, así como de registros y fotografías proporcionados por la Conabio y otras bases de datos internacionales.Te podría interesar...








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