El proyecto, llamado VEMA Lips, fue desarrollado por las estudiantes del Cecyteq de Peñamiller Magaly Guillén Sarazúa, Vanessa Izel Guillén Camacho y María Analleli Aguilar Flores, con la asesoría de la docente Alma Delia Reséndiz Vega.
Al respecto, la estudiante Magaly Guillén Sarazúa explicó que el objetivo de esta investigación fue innovar en un producto que respondiera a una necesidad del municipio, por lo que el equipo de trabajo se enfocó en el grupo social de las mujeres y el aprovechamiento de frutos de la región.
“La tuna y la pitahaya son frutos cactáceos que se encuentran en gran cantidad en varias regiones de Peñamiller, que es semidesértico. Son obtenidos de lo que es el pitayo (Stenocereus queretaroensis) y del nopal (Opuntia) y debido a sus componentes químicos, nutrimentales y de pigmentación tienen la cualidad de que, cuando son consumidos, la piel adquiere el color de la fruta”, explicó.
Guillén Sarazúa detalló que estos frutos contienen, además de antioxidantes, mucílagos, ácido ascórbico (vitamina C), fenoles, asimismo minerales como calcio (Ca), fósforo (P), hierro (Fe), proteína vegetal y fibra soluble.
“Las semillas, que también son comestibles, contienen ácidos grasos muy beneficiosos. En el caso de la pitahaya, tiene acción antitumoral, antiinflamatoria y antioxidante, retrasa el envejecimiento celular y refuerza el sistema inmunológico. Todas estas cualidades nos parecieron muy interesantes para trabajar con ellos en esta propuesta, para ofrecer una alternativa natural y saludable de cosmético libre de productos químicos”, aseguró.
Por su parte, la estudiante Vanessa Izel Guillén Camacho abundó que el proceso de elaboración del producto comprendió no solo el aprovechamiento de la pulpa, sino que además se contempló el uso de las semillas, que sirvieron, dijo, para la elaboración de un aceite humectante que es un valor agregado del cosmético.
“En el caso de las tunas, lo que hicimos fue adquirir la materia prima; fueron peladas para obtener la pulpa y separamos las semillas con ayuda de un colador. Después, la pulpa la pasamos por un proceso de centrifugado en sesiones de 15 minutos con cuatro tubos de 40 mililitros de pulpa cada uno, hasta tres mil revoluciones por minuto”, recordó.
Guillén Camacho aseguró que la pulpa fue depositada en vasos de precipitado para después, dijo, colocar las mezclas en una máquina de liofilizado para la obtención de un polvo, el cual se mezcló con glicerina para fortalecer su capacidad de protección del producto.
La docente asesora del proyecto informó que gracias al apoyo recibido por parte del CFATA de la UNAM se pudo obtener el elemento humectante para el desarrollo del brillo labial.
“Estamos muy agradecidas con el CFATA, los investigadores fueron muy amables y dispusieron de su tiempo para atender a nuestras estudiantes a pesar de sus múltiples ocupaciones. Incluso les platicaron a las alumnas respecto de sus programas de ingreso, lo que despertó su interés ya que era una opción que no habían considerado en ningún momento para estudiar, sobre todo por la lejanía”, advirtió.
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