Describe que partir de una convocatoria internacional y un minucioso trabajo de selección y acomodo de materiales., este programa es una muestra de la sustancia curada por Adriana Trujillo y Maria Canas.
Incluye trabajo de maestros de talla internacional Saul Levine, Greg Biermman y voces poderosasn mexicanas, como Antonio Arango, Daniel Valdez Puertos o Jorge Bordello, entre otros.
La cita es el el MACo del 10 al 12 de marzo a partir de las 20:00 horas.
Llegaba puntual con mis guantes blancos de algodón, era como un laboratorio, todos vestíamos batas blancas y el olor a celuloide me emocionaba. Las bóvedas se abrían con una puerta pesadota a pasillos de paredes de latas marcadas. Yo tenía dos obligaciones. Las dos mis primeras aproximaciones al cine de reciclaje.
Una era hacer las fichas técnicas de las películas. Me daban la primera lata de la película y la última. Yo las montaba en una moviola vertical, de las que se accionaban con un pedal y sonaban trrrrr trrrrr trrrr. Transcribía los créditos. Pero para mi joven cerebro lo mas importante no eran las listas de nombres si no el ver los primeros 20 minutos de una historia y saltar a los últimos 20. Era una forma de extraer la narrativa original. Lo que quedaba fuera no existía, lo que yo veía era una readaptación de la posible historia. Una síntesis. Una manera de re inventar el original. Mi mente no quedaba pasiva a una historia dictada en su totalidad, mi imaginación se abría a la re interpretación, a la otra posibilidad de un cine creado por mi.
La segunda tarea era la censura, en unas salas pequeñitas se juntaban unas señoras de Gobernación, eran tiempos de López Portillo, las señoras muy decentes, muy bien peinadas de faldas rectas y blusas bien planchadas se sentaban a ver el cine que llegaba al país. Yo a un lado del proteccionista veía la película que se interrumpía con el grito de la decencia “¡Marca!”, la película se detenía y con un lápiz graso blanco se le dibujaba una X directo al cuadro del celuloide. Me entregaba las latas y en las bóvedas yo cortaba esas escenas. Eran tiras de desechos que acababan en el piso y se barrían. Sexo, aborto, groserías, drogas. Yo las recogía y al final de la semana las pegaba una tras otra. Al final del mes tenía una película única, de vida propia más allá del original. Tristemente perdí esos rollos en alguna mudanza.
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