Con esta premisa hubiera sido fácil para el director Tom McCarthy —quien también hace un estupendo trabajo con el guión—, caer en los lugares comunes y entregar un producto manipulador y sensacionalista. Sin embargo, y a pesar de que no le tiembla la mano a la hora de darle potencia al discurso, la sutileza es su principal herramienta, para darle consistencia al desarrollo, bordear a detalle las implicaciones del tema y mantener enganchando al espectador con una cinta inteligente y sin concesiones, en el que la tensión se mantiene de principio a fin.
Esto en mucho, se debe a la labor de los actores, que evitan recurrir a demasiados aspavientos y se muestran contenidos para mantener el tono y delinear con precisión los personajes. El reparto lo encabeza el veterano Michael Keaton, quien luego de su participación en Birdman, ha vuelto a los lugares estelares, aunque él siempre se ha mostrado efectivo y con una gran versatilidad a lo largo de trayectoria. Mismo caso el de Mark Rufallo, cuyo oficio cada vez es más evidente, y el de secundarios de lujo como Stanley Tucci.
Estamos ante una de las opciones más interesantes de la cartelera de inicio de año. Es la oportunidad de atestiguar cómo la cinematografía se pone sin reparos, al servicio de una gran historia, que ya por sí misma es de un enorme valor periodístico. No por nada ganó un premio Pulitzer. Gracias al cielo su réplica cinematográfica está a la altura.
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