
Desde 2001, la CGEIB depende de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y tiene el objetivo de brindar espacios de educación intercultural y bilingüe para poblaciones históricamente marginadas.
Para complementar, al final del texto se presenta una recopilación de notas y reportajes publicados por la agencia, que cubren proyectos científicos, tecnológicos y educativos dirigidos a la inclusión de las comunidades indígenas.
La brecha se incrementa drásticamente al considerar a las personas que contaban con nivel educativo de posgrado. Solo 11 mil 711 hablantes de lengua indígena contaban con estudios de maestría para el año 2010, y dos mil 538 contaban con estudios de doctorado, lo cual representa 1.8 por ciento de todas las personas con doctorado en el país.
Cifras del Índice de Equidad Educativa Indígena (IEEI), en los cuatro estados que concentran la mayor cantidad de población indígena del país (3.6 de 6.7 millones) —Oaxaca, Chiapas, Puebla y Veracruz—, la población indígena solo ha alcanzado entre 24 y 30 por ciento de los logros escolares obtenidos por los no indígenas.
Este rezago educativo consecuentemente tiene un impacto en la participación de la creación científica y tecnológica de los pueblos indígenas.
Este cientificismo, que lleva a considerar válidos únicamente los saberes de la cultura dominante, ya ha sido señalado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), comenta en entrevista José Francisco Lara Torres, director de Diseño y Apoyo a Innovaciones Educativas de la CGEIB.
En el libro Replantear la educación. ¿Hacia un bien común mundial?, publicado en el 2015 por la Unesco, se plantea la necesidad de examinar alternativas al modelo dominante de conocimiento y enfatiza la necesidad de aceptar que realidades diferentes generan conocimientos distintos, que deben ser reconocidos en vez de relegados a una condición inferior.
José Francisco Lara explica que es necesario reconocer que a través de los siglos los pueblos originarios también han ido recopilando conocimientos valiosos. Muchas veces estos saberes son relegados por no estar sustentados de forma escrita; considera que estos conocimientos, conservados y transmitidos de manera oral, están sustentados en la comunalidad de experiencia de los pueblos.
“Es importante abrirse a otras lógicas, eso es a lo que llamamos la interculturalidad y el diálogo intercultural. No solamente la metodología que nos enseñaron las universidades es capaz de generar conocimientos válidos y con utilidad social”, expresa José Francisco Lara.
Como menciona el físico e investigador Noboru Takeuchi en el número “Lenguas, culturas y ciencia en las comunidades indígenas de México” de la Revista Digital Universitaria de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), antes de la llegada de los españoles las culturas en México acumularon un importante conocimiento científico y tecnológico. Y a pesar de que mucho de este conocimiento se ha perdido, otro se ha conservado y desarrollado, e incluso aunque ahora se le haya llamado conocimiento tradicional, en muchos casos no puede dejar de considerarse ciencia.
El reconocimiento a la diversidad y la integración de sistemas de conocimiento originados en distintas realidades permitirán crear un patrimonio de saberes mucho más rico y con mayor capacidad de resolver diferentes necesidades. Y es de este concepto que surge la visión de la educación intercultural.
Para atender esta necesidad de incorporar la educación intercultural en México, nace la CGEIB, que ha ido creciendo para ofertar alternativas de educación pertinente a los contextos culturales y lingüísticos en el país. Desde la educación básica hasta la educación superior que las personas cuya lengua materna no sea el español tengan espacios estimulantes para el aprendizaje, detalla Lourdes Casillas.
“La educación intercultural trata de generar nuevos espacios educativos para las personas que han sido históricamente marginadas y discriminadas en la educación, porque la educación se ha impartido en una sola lengua y otras lenguas no están consideradas en el sistema educativo nacional”.
Aprender en la lengua que cada individuo domina permite a las personas desplegar su potencialidad de construcción del aprendizaje y de reflexión crítica para después aportar a la creación de conocimiento.
Para José Francisco Lara Torres, director de Diseño y Apoyo a Innovaciones Educativas de la CGEIB, estimular que la enseñanza preescolar, primaria y secundaria se dé en la lengua materna y que a partir de tercer año de primaria se estudie el español como segunda lengua y el inglés como lengua de acceso a las relaciones globales, es una medida importante para reducir la brecha educativa.
Otra es el mayor acceso y estímulo a la creación de material educativo en lenguas originarias y español, que junto con los programas sociales y las becas dirigidas a indígenas ayudan a hacer más equitativo el acceso a la educación.
Al explorar opciones curriculares pertinentes al contexto local, lingüístico y que valoren el conocimiento que los mismos pueblos han generado, pretenden formar profesionales comprometidos con su área geográfica y cultural y lingüísticamente pertinente.
“Este proyecto permite que los profesionistas puedan comunicarse directamente en las lenguas originarias con la gente para apoyarla y ayudarla a resolver problemas. Finalmente, las universidades que están en las grandes capitales pueden tener proyectos con las comunidades indígenas, pero si no les hablan en su lengua no se van a entender jamás”, comenta Lourdes Casillas.
En México existen comunidades con grandes porcentajes o volumen de población monolingüe en lenguas originarias que padecen el aislamiento y la incomunicación, por ejemplo, al no entender, por el idioma, las campañas de salud o de atención a desastres.
La universidad intercultural ha surgido como alternativa a las universidades que cierran las puertas a las comunidades indígenas, ya sea porque sus integrantes no se expresan bien en las competencias lingüísticas que el español exige o ya sea por la discriminación abierta al fenotipo indígena, explica Lourdes Casillas.
“La universidad aprende cómo los pueblos indígenas han construido sus conocimientos y cómo los aplican. Después, los analiza y los usa como enriquecimiento a los saberes científicos”.
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