Octavio Murillo Álvarez de la Cadena, director de Acervos de la CDI, explicó que está ofrenda suele distinguirse por hacer uso de una mesa o repisa cubierta por un mantel blanco o con bordados, preferentemente, para delimitar el espacio sagrado que es destinado al altar de las personas que ya no están. En las patas de la tabla amarran además uno o varios arcos de caña, otate o carrizo que son adornados con palmas, cucharilla, flores de cempasúchil, hojas de plátano e incluso frutas secas.
El director, señaló que también elaboran un arco con flores de cempasúchil que después colocan frente a la tabla, donde está el agua, fruta y alimentos para calmar la sed y el hambre de las ánimas que llegan en esos días. Sus platillos favoritos pueden acompañarse de arroz, mole, tamales, carne de cerdo, chayotes cocidos y dulce de camote, por ejemplo. Otros elementos que acompañan a esta celebración son la sal, agua, copal, velas, imágenes religiosas y retratos de los familiares difuntos, estos últimos fungen como protector y es la manera de demostrar que pueden estar en casa.
Para los nahuas de esos municipios mexiquenses, los niveles de la ofrenda figuran los tres estados celestiales: el más alto equivale al cielo y es donde suelen colocar los cuadros religiosos.El escalón de enmedio representa el limbo y ponen el retrato del difunto y la comida, mientras que la parte más baja personifica el infierno y, sobre él, sitúan un petate para que descansen después del viaje realizado.
Murillo Álvarez cuenta que los vivos han optado por dejar un colchón para extender el descanso y colocan diversos objetos o alimentos para las ánimas.Al final de la celebración, cuando las ánimas se han marchado, los integrantes de las familias y vecinos suelen reunirse para disfrutar y compartir la comida de la ofrenda.
Recorrer el pasillo de este emblemático inmueble, que además exhibe objetos de los pueblos indígenas que datan desde 1605 a la fecha, es sumergirse en un espacio cultural que busca conservar y difundir las tradiciones más arraigadas de México.
Y es que, la cultura náhuatl es una de las importantes en México porque está presente en 13 entidades federativas, más de un millón de personas hablan esa lengua y hay una dispersión muy grande que la hace tener hasta 30 variantes lingüísticas, resaltó Álvarez de la Cadena.
Sin embargo, lamentó que la variante nahua de Texcoco está cada vez más en desuso y algunas vestimentas y artesanías ya se han perdido, por lo cual es importante rescatar se expresión a través de la tradición de Día de Muertos que sigue en pie.
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