Terriblemente pareciera que nos duele más el asesinato de mascotas, que el de mujeres, ¿por qué?, ¿qué es lo que nos está moviendo a dejar de sentir?, ¿qué es lo que nos lleva a mostrar indignación ante un ser de por sí ya violentado por quienes pretenden humanizarlo y no por nosotras mismas?.
El día de ayer leía la nota de la pequeña de dos años que el 24 de marzo de 2015 fue encontrada en una maleta en la Delegación Cuauhtémoc, en la Cuidad de México, violada, asesinada, por un hombre, que con toda impunidad la usó, la mató, la abandonó como a un perro muerto en la calle, se dio la vuelta y sacudió sus manos. Nadie ha reclamado el cuerpo de la pequeña y a casi un año el responsable no ha sido detenido, la pequeña será enterrada no en la fosa común, sí, en un lugar que trabajadores del Instituto de Ciencias Forenses le han comprado y al cual acudirán a su entierro programado para marzo de este año, la pequeña al no ser identificada ni reclamada por nadie, fue bautizada por estos trabajadores como Ángela, a quien aseguran en algún momento alguien preguntará por ella y entonces la podrán conducir a ese espacio de tierra que guarda su cuerpo, su mente, su corta vida, alguien para quien los últimos momentos de su vida fueron dolorosos, tal vez incomprensibles y perdóneme pero sí, exactamente como una de esas mascotas que usted tanto defiende, no entendió lo qué le pasó.
¿Entonces?, ¿donde está el dolor que nos debemos, ¿donde está el cuidar y defender a nuestra niñez?, el tema es amplio y no debe seguir siendo usado como bandera política, así como tampoco debe ser ignorado, entiendo que su mascota le hace feliz al llegar a casa, pero también entiendo que si hemos sobrevivido como especie es porque nos hemos protegido y eso parece dejo de existir.
Sí, cuidar y proteger a la naturaleza es importante, es la base de nuestro estar en la Pachamama pero no podemos ni debemos humanizar a las mascotas, no es concebible que nos duela más una mascota que un ser humano, que una niña, que una mujer, que nos asuste que un oso polar por naturaleza se coma a un cachorro para aparearse con la hembra, que el que un hombre adulto use el amor filial para violar a una pequeña y que esta se deje para que su hermanita no pase por eso, o que un hombre con la mano en la cintura abandone en una maleta Ralph Lauren, a una niña de dos años.
O que algunos por temor a ser descubiertos, hombres faltos de amor y valor, asesinen o manden asesinar a la mujer que por unos momentos les dieron todo lo mejor de ellas, amor, su ser, su confianza y que hoy forman parte de las estadísticas escuetas de feminicidios en este país como ha estado sucediendo en Puebla.
Insisto en la reflexión, y creo que es necesario citar a Erich Fromm; "Instalar el miedo en una sociedad siempre resulta ser un recurso muy eficiente para hacer surgir lo peor en cada uno, particularmente para que emerja de manera imparable una violencia que aplaque transitoriamente el temor que nos invade", es entonces el miedo a ser la próxima o alguien cercano a nosotros el que nos detiene a empatar con esas mujeres, niñas asesinadas, violadas, desaparecidas o tal vez como él mismo Fromm señalaba "la historia humana es un documento de la inimaginable crueldad y la extraordinaria destructividad del hombre”
Es momento ahora de sentarnos a llorarnos como especie humana, es tiempo ya de detener nuestra falta de amor proyectada en una mascota y que nos detengamos a pensar, que realmente nos están matando, nos estamos aniquilando y entonces cuestionarnos si la sensibilidad, la empatía a nuestros congéneres ya la hemos perdido.
26 de febrero 2016
@FridaGuerreraTe podría interesar...








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