A los obispos de reciente nombramiento, que asistieron estos días en Roma a un curso sobre cómo realizar su labor pastoral, les garantizó que sólo pueden ofrecer “al mundo mendigo” la bondad, la belleza, la verdad, el amor y el bien.
Más adelante les pidió no acostumbrarse “a la rendición” ni inventarse “discursos amargos” para justificar la propia falta de ganas ni la comodidad que bloquea bajo la excusa de los lamentos. “Los lamentos del obispo son cosas feas”, exclamó.Te podría interesar...








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