Para efectos prácticos, la desaparición de la COMED, implica el cese de la tregua convenida por el PDPR-EPR.
Algunos otros indicios podrían dar cuenta de una eventual reactivación de los grupos armados en México.Por ejemplo, los esfuerzos por coordinar las acciones guerrilleras iniciados por el grupo autodenominado “Coordinación Revolucionaria Libertad” y la más reciente exigencia (28 de agosto 2012) de la llamada “Red de células comunistas”:
“Sin embargo, sin temor a equivocarnos, desde nuestra sigilosa y amplia trinchera de lucha, consideramos que existen las condiciones suficientes para emprender un estallido social protagonizado por las organizaciones armadas del país.” ( http://www.cedema.org/ver.php?id=5147. Consultado el 9 de octubre 2012)
Este grupo, prácticamente sugiere al EPR asumir el liderazgo del eventual “estallido social”.
Por su parte, el EPR ve con suma desconfianza el reciente triunfo del PRI que lo lleva a la presidencia de la república. En la apreciación del grupo armado, el gobierno de Enrique Peña Nieto inaugura la institucionalización de lo que llama la “Junta de Administración” del capital monopolista nacional e internacional ( El Insurgente No. 142. http://www.cedema.org/ver.php?id=5146. Consultado el 9 de octubre 2012.)
Una de las consecuencias de este nuevo sistema de dominación, según esa organización, sería el incremento de la represión contra el movimiento social; pero sobre todo contra los grupos armados revolucionarios. De aquí se derivan dos políticas : la autodefensa de las masas y la justicia revolucionaria en un marco de unidad que sustente la lucha anti capitalista.
Queda claro lo que implican ambas líneas: una contra ofensiva del PDPR-EPR cuyo blanco principal es el Estado mexicano. El caso particular de la “justicia revolucionaria”, evoca los peores tiempos de la vieja “Unión del Pueblo”.
El temor del EPR por el incremento de la represión del Estado, no sólo encuentra razones en el fracaso de la Comisión de Mediación, sino en la llamada guerra contra el narco que ellos perciben como una estrategia contra insurgente del Estado dirigida al movimiento social, pero sobre todo focalizada en su organización.
Podrían encontrar razones adicionales de alarma si interpretan el anuncio de Felipe Calderón, ya casi al final de su administración, del descubrimiento de nuevos yacimientos petrolíferos ( pozos Trión-1 y Supremo ), con una muy importante y conveniente reserva probada, como la luz verde para que la administración de Enrique Peña Nieto inicie las inversiones y construya los ductos que vayan de Tamaulipas a Campeche, con el beneplácito del gobierno de los Estados Unidos (Ver: Andrés Barreda. La exploración petrolera en las aguas profundas del Golfo de México.http://fte-energia.org/E85/10.html).
Desde una posición ideológica como la del PDPR-EPR y otros grupos armados, lo anterior implicaría el peligro no sólo de una pérdida de soberanía por la eventual intromisión de intereses norteamericanos en esa zona, sino también por la posible acción contra los cárteles de la droga que operan en esa región y por tanto el recrudecimiento de la ofensiva contra insurgente.
El supuesto de que el PDPR-EPR se prepara para una contra ofensiva se fortalece con el comunicado publicado por esa organización el 8 de septiembre de 2012, que es claramente un llamado a iniciar la coordinación de todas las fuerzas progresistas bajo un programa claro y conciso. (http://www.cedema.org/ver.php?id=5166. Consultado el 9 de octubre de 2012). Al respecto, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional no ha emitido ninguna declaración.
Todo parece indicar que se configura un escenario de reactivación de la lucha armada en México; pero ni el equipo de transición de Enrique Peña Nieto, ni el mismo presidente electo, han dado muestras de querer mantener al EPR en el marco del diálogo y la negociación. Por su parte, en Oaxaca, el gobierno de la alternancia no voltea a ver a los presos de Loxicha acusados de pertenecer al EPR, mismos que ya llevan 15 años detenidos sin que se conozca aún su sentencia, ni parece preocuparse por cumplir con los compromisos asumidos con la Comisión Nacional de los Derechos Humanos en el caso de los militantes desaparecidos del EPR. Malos indicios.
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