Las composiciones son de Farrés, así como de Villanueva –el querido “Mapache”-, las cuales no serían posible sin la base y voz de la batería de Velásquez. En cada tema, es notoria la libertad creadora, como lo es el hecho que cada uno de estos artistas ha incursionado en diferentes géneros como son el jazz, el funk, el blues, el rock progresivo manteniendo el sonido de la tradición de esta parte del país.
El buen acoplamiento les permite surfear en un blues a un jazz smooth; del progresivo, sobre la tabla del funk planean sobre soul y el jazz latino. Las intervenciones de Velásquez –quien además es bailarín- son muy afortunadas, como la sólida base en el bajo de Villanueva, conducidos por la mágica guitarra de Farrés, digno descendiente de Don Osvaldo Farrés, autor cubano de unas 300 composiciones, como Toda una vida o Quizás, quizás, quizás.
Como el nombre del grupo, el título de su disco, cada una de sus composiciones tienen su historia, entre las cuales vale recordar “El Coronita” que Villanueva dedicó a su padre y que identifica a los demás integrantes.
Tras interpretar los temas de este innovador material cerraron este concierto con dos rolas más que no se incluyen en el disco, “Viento” y una más que interpretó el baterista en la noche de este viernes.
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