Se dice que el más fiel discípulo de Django Reinhardt, es el guitarrista español, Pere Soto Tejedor, quien radica en esta ciudad y ha desencadenado un gusto en las nuevas generaciones de jazzistas oaxaqueños.
Hablamos del tributo al llamado Príncipe gitano, el primer músico de jazz originario de Europa que ejerció una influencia similar a la de los grandes artistas estadounidenses. Su música es el resultado de la fusión entre el swing y la tradición musical gitana del este europeo.
Reinhardt revoluciona el toque de guitarra en el jazz, justamente antes de que se empezara a utilizar la amplificación. Sobre la base de un contrabajo, de dos guitarras rítmicas y del habitual violín de Stéphane Grappelli, Django desarrolla una música alegre y extraordinariamente flexible.
Sus conceptos armónicos fueron sorprendentes en su época y así impresionó a músicos como Charlie Christian y Les Paul; además, su influencia sobre el swing fue decisiva para la decantación de una línea de este (el Western swing) en la música country.
Aunque no sabía leer música, a solas y junto a Grappélli, Reinhardt compuso varias melodías sumamente originales y exitosas como «Daphne», «Nuages», «Manoir de Mes Rêves», «Minor Swing» y la oda a su compañía discográfica de los años treinta «Stomping at Decca».
Durante su infancia viajó por Bélgica, Francia Italia y África de Norte tocando la guitarra, el banjo y el violín. De él se decía que era capaz de interpretar cualquier pieza con sólo oírla una vez. Sus primeros pasos fueron al lado de su padre tocando la guitarra en fiestas y bodas.
Tenía su mano izquierda parcialmente paralizada a causa de quemaduras y sólo tenía dos dedos útiles, por lo que tuvo que desarrollar un estilo propio de interpretación. Triunfó en el París de los años 30 y 40. En 1934 crea el quinteto del Hot Club de Francia con el violinista Grappelli, su hermano Joseph, R. Chaput en la guitarra y L. Vola en el bajo. Grabaron Nuages, un hit fulminante que todos los cantantes de éxito se disputaron el privilegio de interpretar.
Dice la poetisa manouche, Sandra Jayat: “Vino al mundo con seis cuerdas bajo el brazo. Creció al revoltijo del negocio nómada de su familia, en una caravana de artistas y vendedores itinerantes de poca monta y escasa fortuna. Arrebujado con una manada muy numerosa Django y compañía se instalaron a las afueras de París de manera más o menos permanente. Allí se echó a rasguear con el convencimiento del oficio y el duende de un encantador de serpientes. Arrancaba notas febriles y agitaba sin piedad caderas, cuellos, pies reacios a bailar. Django fue la música popular en Europa cuando allí solo había cuadros descompuestos y películas tenebristas. Desató un furor inédito en la época. El swing europeo lo alumbró un gitano como los negros del algodón parieron la semilla del jazz en Estados Unidos”<.Te podría interesar...








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