Ahí, el prestigiado curador de arte, Fernando Gálvez destacó tanto el concepto como la creación, que toma una técnica donde perpetúa el autor su visión, pero también obliga al espectador a compartir esas formas impresas como piedra antigua.
Explica de este especial proceso: “Como pantalla de una película congelada en sus adentros. Peñalta dispone frente a sí una laja de mármol y durante horas, quizás días, mira como de los trasfondos minerales emergen los seres de este universo encapsulado. Entonces, empieza a desanudar el dilema: una vez ha localizado los personajes, empieza a aplicar el ácido que opaca los brillos de la piedra pulida en las áreas donde después del químico abrasivo, viene el óleo a subrayar perfiles, cuerpo, animales, monstruos, seres de una mitología personal que s refleja en la superficie pétrea que grita desde sus entrañas”.
El hallazgo de este artista en materia de técnica, afirma Gálvez, es equivale al descubrimiento de un fósil de una especie desaparecida hace millones de años. Es como haber recuperado el alma de las rocas, como si en las lápidas de las tumbas empezara a dibujarse el rostro del muerto.
“Uno quisiera pensar que esos personajes, esas ánimas rodeadas por momentos de resplandores, ahora de nieblas de vetas vivieron alguna vez en Capadocia o Petra. Los contrastes entre las perfectas muchachas desbordantes de belleza y sensualidad, como escapadas del pincel de Boticelli, con seres desgarrados o monstruosos que se emparentan más con el Goya de los Caprichos o el José Clemente Orozco de los Teules.”
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