Para el estudio se dejó acumular grandes cantidades de la nieve roja, e incluso se brindó nutrición adicional a sus algas.
Luego esos cúmulos fueron derretidos para analizarlalos y compararlos con otros cuyas algas no fueron alimentadas adicionalmente, así como con las de campos nevados o helados de Harding, Alaska, que no contenían tales organismos.
Las sospechas se confirmaron: más algas significan más nieve derretida.
Las parcelas de nieve libres de algas rojas mostraron tres veces menos probabilidades de derretirse que aquelllas enriquecidas por ese tipo de organismo vegetal. Además, se pudo precisar que dichas algas necesitan, para su proliferación, de dos elementos: agua y nutrientes, recoge Gizmodo.
Los autores de la investigación advierten que la combinación del cambio climático -que de por sí incrementa el derretimiento de hielos polares- con polvo agrícola cargado de nutrientes, puede crear ambientes más favorables para que las algas de nieve roja proliferen en el futuro.
“Los modelos de clima y de fusión que ignoran el forzamiento radiactivo microbiano corren el riesgo de subestimar las tasas del calentamiento y el consiguiente aumento del nivel del mar”, concluyeron los investigadores.
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